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Los desafíos demográficos de Japón perjudican el crecimiento

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Las cifras de crecimiento del producto interior bruto real (PIB) de Japón han entrado en terreno negativo durante el segundo y tercer trimestre de 2015 tras un fuerte crecimiento del PIB real durante el primer trimestre. A pesar de que numerosos participantes del mercado pueden observar señales de preocupación, Michael Hasenstab, Director de Inversiones de Templeton Global Macro, reconoce que existen desafíos aunque también mucho progreso en Japón gracias a sus actuales políticas económicas dirigidas a avivar la inflación y fortalecer el crecimiento. El equipo de Global Macro ha examinado algunos de los factores a largo plazo que afectan a las condiciones económicas, sobre todo, cómo una población envejecida y una fuerza laboral cada vez menor plantean dificultades para las aspiraciones económicas de Japón. El equipo ha identificado reformas que considera necesarias para que Japón deje atrás varias décadas de deflación.

Lea más acerca de Japón y de si Hasenstab considera que los esfuerzos para estimular la economía del Primer Ministro Shinzo Abe (conocidos como “Abenomics”) están funcionando en Global Macro Shifts: Japan: Igniting Growth and Inflation.

Michael Hasenstab
Michael Hasenstab

Dr. Michael Hasenstab
Vicepresidente Ejecutivo, Gestor de carteras, Director de Inversiones
Templeton Global Macro

Japón se ha embarcado en un cambio de la política económica sin precedentes para lograr acabar con las casi dos décadas de escaso crecimiento y deflación. Funcione o no, la nueva estrategia tendrá consecuencias importantes para el panorama económico global.

En 2012, la administración del Primer Ministro Shinzo Abe emprendió una política integral denominada “Abenomics”, articulada en tres “flechas”. Abenomics constituye un verdadero cambio de régimen y ya ha tenido un gran impacto –aunque el camino hacia un crecimiento e inflación mayores y sostenibles aún es largo. No obstante, nuestra opinión es que el gobierno necesitará aumentar sus esfuerzos en los principales sectores de reforma estructural, principalmente en el mercado laboral. Mientras tanto, prevemos que el Banco de Japón (BOJ) mantendrá una postura monetaria extremadamente flexibilizada, probablemente impulsando aún más la flexibilización cuantitativa y cualitativa (QQE), dando lugar a un periodo prolongado de un yen (más) debilitado y tipos de interés bajos.

La/s década/s perdida/s de Japón

Tras un prolongado periodo de crecimiento extremadamente fuerte, la economía japonesa perdió impulso en la década de 1970. Una razón fue que Japón había agotado por entonces las ganancias fáciles de la fase de recuperación del crecimiento, sostenida por la adaptación rápida y próspera de las tecnologías importadas. No obstante, Japón también se encontró con dos obstáculos importantes: la valorización del yen y la aceleración de la tasa de dependencia de la tercera edad.

Puesto que el régimen de los tipos de cambio fijos globales se colapsó, el yen experimentó dos grandes olas de  valoraciones y su valor frente al dólar estadounidense se multiplicó por dos. La moneda se debilitó en la década de 1980, pero tras el Plaza Accord de 1985, se reanudó una larga fase de valorización. Entre 1970 y 1995, el tipo de cambio eficaz real del yen se valorizó un 150%.

Hoy en día es difícil de creer, pero en 1980 Japón tenía la menor tasa de dependencia de la tercera edad (la relación entre población en edad de jubilación y población en edad de trabajar) del G7.[1] El ritmo de envejecimiento de la población se aceleró dramáticamente y, en 2005, su tasa de dependencia de la tercera edad se convirtió en la mayor del G7 y siguió ascendiendo.

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La demografía tuvo –y sigue teniendo– un papel fundamental en retrasar la rentabilidad del crecimiento japonés. La población japonesa sigue envejeciendo con rapidez. En 1980, únicamente el 9% de la población de Japón tenía más de 65 años; hoy es más de un 26%; dentro de 20 años, casi un tercio de los japoneses se encontrará en la franja de la tercera edad. Por otro lado, el porcentaje de la población japonesa de entre 15 y 64 años llegó hasta casi un 70% hace dos décadas y ahora ha caído hasta poco más de un 60%. Continuará cayendo hasta que dentro de 40 años solamente uno de cada dos japoneses esté en edad de trabajar.[2]

La menguante fuerza laboral japonesa

La rapidez del envejecimiento de la población tiene consecuencias importantes para el gasto en servicios sanitarios y pensiones. Sin embargo, lo más importante de esta parte de nuestro análisis es el hecho de que reduce el tamaño de la fuerza laboral disponible. El gobierno japonés prevé que, en un escenario favorable (mayor crecimiento y una tasa de participación en aumento), la fuerza laboral disminuirá de 66,3 millones en 2010 a 62,9 millones en 2030, una pérdida de 3,4 millones de trabajadores en 20 años. En un escenario desfavorable, sin una recuperación del crecimiento o de la tasa de participación, la reducción alcanzaría unos 9,5 millones de trabajadores, disminuyendo la fuerza laboral hasta 56,8 millones en el mismo periodo. En el mismo escenario desfavorable, el gobierno prevé que el número de personas empleadas caería de 63,0 millones en 2010 a únicamente 54,5 millones en 2030.[3]

La menguante fuerza laboral está formada por ineficacias del mercado laboral, dando lugar a una dualidad entre los trabajadores fijos y temporales, así como por una asimetría aparente en las capacidades. En un estudio reciente, Ganelli y Miake (2015) observaron que la Curva de Beveridge de Japón se había inclinado hacia la derecha, por lo que la misma tasa de desempleo se asocia ahora a un mayor nivel de oferta de empleo. La encuesta Tankan del BOJ indica que todas las empresas están sufriendo escasez laboral, siendo las más afectadas las pequeñas y medianas empresas. Una encuesta realizada recientemente por ManpowerGroup reveló que el 81% de las empresas japonesas registraron dificultades para cubrir vacantes en 2014, muchas más que los demás países encuestados y más del doble de la media mundial.[4] La oferta de trabajo como porcentaje de la fuerza laboral también es mucho mayor que en muchos otros países avanzados.[5]

La tendencia demográfica desfavorable se ha visto contrarrestada en parte por un ritmo saludable del crecimiento de la productividad. El crecimiento de la productividad de múltiples factores ha mantenido el ritmo de otras economías avanzadas, como Estados Unidos y Alemania. De hecho, tras la crisis financiera global (e independientemente del repunte de la recuperación de 2010), la tasa media de crecimiento de la productividad de múltiples factores en Japón ha sido la cuarta más alta de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), muy por delante de Estados Unidos y Reino Unido.

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Gracias a la rentabilidad saludable de la productividad, el crecimiento per cápita en Japón se ha mantenido al nivel de otras grandes economías avanzadas. Durante el periodo entre 1990 y 2014 (sin incluir 1998, cuando Japón resultó afectado por la crisis financiera asiática) el crecimiento del producto interior bruto (PIB) per cápita en moneda local a precios constantes aumentó a un ritmo medio del 1,1% en Japón, en comparación con el 1,3% en Estados Unidos y un 1,4% en Alemania.[6] La rentabilidad saludable de la productividad ofrece tanto buenas como malas noticias. En el lado positivo, muestra que la combinación de avances tecnológicos y una fuerza laboral con una buena educación permite a la economía japonesa mantener un buen grado de eficiencia y competitividad. Por otra parte, nos dice que más mejoras de la productividad pueden dar lugar únicamente a un papel limitado en el impulso del crecimiento general del PIB japonés.

Inflación de los salarios: progresando

Tras casi dos décadas de deflación, las expectativas cambiantes sobre la inflación y el cambio del funcionamiento de la fijación salarial están demostrando ser difíciles, pero Japón ha progresado en este aspecto. Durante la ronda de negociaciones de este año, las empresas han aumentado los salarios base un 0,7%, mucho más que el 0,4% aplicado el año pasado,[7] aunque no lo suficiente para acelerar una virtuosa espiral de sueldos más elevados y mayor consumo.

Los responsables políticos, incluido Abe y el gobernador del BOJ, Haruhiko Kuroda, han instado repetidas veces a las empresas a aumentar los sueldos y el número de empleados contratados de forma permanente en lugar de con contratos temporales. Puesto que la rentabilidad corporativa ha mejorado, los responsables políticos continuarán presionando al sector corporativo para que reduzca los niveles de efectivo a favor de un mayor empleo, salarios e inversión. Las condiciones subyacentes están mejorando: las condiciones del mercado laboral se han endurecido aún más, con la tasa de desempleo cayendo a un 3,4% desde el 4,1% registrado durante la implantación de Abenomics, puesto que la brecha de producción ha disminuido. Como consecuencia, las presiones salariales cada vez aumentan más.

Tal como se ha analizado, el crecimiento de la productividad total de los factores de Japón ya es relativamente alto; aunque podría recibir un mayor impulso, una aceleración del crecimiento general del PIB deberá confiar principalmente en un impulso del capital y del trabajo. Dada la reducción prevista del crecimiento de la fuerza laboral, la primera prioridad del gobierno en este aspecto es aumentar la tasa de participación femenina. El gobierno ha aumentado el número de guarderías y la cantidad de transferencias en efectivo a familias con hijos. La tasa de participación de la fuerza laboral femenina, que ha aumentado de un 59% en 1994 a alrededor de un 63% al comienzo de Abenomics, ha aumentado desde entonces hasta más de un 66%.

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Esto constituye un avance importante, pero son necesarias más medidas. El gobierno podría fomentar un aumento constante de la participación femenina liberalizando las guarderías, y por tanto aumentando su disponibilidad, y revisando los impuestos y las prestaciones a la seguridad social para hogares con amas de casa a tiempo completo. Asimismo, el gobierno podría tomar medidas para incentivar a los trabajadores de mayor edad a seguir trabajando. Dado el envejecimiento previsto de la población, aumentar el porcentaje demográfico que se mantiene activo en el mercado laboral en los grupos de la tercera edad podría tener un impacto positivo en el tamaño general de la fuerza laboral, y podría contribuir a reducir la presión ejercida en el sistema de servicios sanitarios. Una tercera medida para impulsar la fuerza laboral sería relajar los límites actuales de la inmigración, aunque esto sigue siendo uno de los asuntos más controvertidos a nivel político.

Por último, el gobierno podría considerar tomar más medidas de reforma del mercado laboral para reducir la dualidad actual entre los contratos fijos y temporales. Actualmente, más de un 40% de la fuerza laboral empleada tiene contratos temporales, con sueldos muy inferiores que los de los trabajadores con contratos fijos. Los contratos fijos también vienen acompañados de una mayor seguridad laboral, con trabajo a largo plazo garantizado. La tasa de contratos temporales ha aumentado enormemente hasta sus niveles actuales desde 1985, cuando se mantenía cerca del 16%.[8] Al reducir esta dualidad, aumentaría la flexibilidad y movilidad del mercado laboral y, por tanto, daría lugar a una mayor asignación del capital humano y aumentaría el crecimiento de la productividad laboral.

Desde nuestro punto de vista, los responsables políticos japoneses han utilizado la estrategia correcta y parecen totalmente comprometidos para seguir adelante. A pesar de que los resultados obtenidos hasta ahora han sido heterogéneos –en parte debido a circunstancias externas desfavorables– la dinámica salarial, las expectativas sobre la inflación y el crecimiento se han dirigido hacia el camino correcto. Tanto las políticas como los indicadores económicos muestran una ruptura con el pasado, aunque dicha ruptura es mayor para los últimos que para las primeras hasta ahora.

Dado el saludable crecimiento de la productividad y la competitividad global de las empresas japonesas, impulsadas por un yen debilitado, opinamos que es probable que aumenten tanto la inflación como el crecimiento, puesto que el entorno mundial mejorará en 2016.

Para obtener un análisis detallado de la situación de Japón, así como de otros mercados del mundo, eche un vistazo a “Global Macro Shifts”, un informe de investigación sobre las economías globales que incluye el análisis y la opinión del Dr. Michael Hasenstab y los miembros senior de Templeton Global Marco. El Dr. Hasenstab y su equipo gestionan las estrategias de bonos a nivel mundial de Templeton, incluida la renta fija ilimitada y la macroeconomía en el mercado global y de divisas. Este equipo económico, formado en algunas de las universidades líderes del mundo, integra el análisis macroeconómico mundial con el análisis exhaustivo por país para ayudar a identificar desequilibrios a largo plazo que se traduzcan en oportunidades de inversión.

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[1] El Grupo de los Siete (G7) hace referencia a un foro de siete países industrializados: Francia, Alemania, Italia, Japón, Estados Unidos, Reino Unido y Canadá.

[2] Fuente: División demográfica de las Naciones Unidas, perspectivas de la población mundial: revisión de 2015.

[3] Fuente: Giovanni Ganelli y Naoko Miake, “Foreign Help Wanted: Easing Japan’s Labor Shortages” (“Se busca ayuda externa: aliviando la escasez laboral japonesa”), Documento de trabajo del FMI, julio de 2015. No hay garantía de que las estimaciones o previsiones se cumplan.

[4] Fuente: ManpowerGroup, Encuesta sobre escasez de talentos de 2015.

[5] Fuente: Giovanni Ganelli y Naoko Miake, “Foreign Help Wanted: Easing Japan’s Labor Shortages,” Documento de trabajo del FMI, julio de 2015.

[6] Cálculos de Templeton Global Macro mediante el uso de información recopilada por el Fondo Monetario Internacional, Panorama Económico Global.

[7] Comunicado en The Wall Street Journal.

[8] Ministerio de Asuntos Interiores y Comunicaciones, Encuesta sobre la Fuerza Laboral.