Beyond Bulls & Bears

Complejidad, estados críticos y afluentes de la incertidumbre

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Los mercados pueden avanzar relativamente bien durante largos periodos de tiempo, hasta que se produce la aparición repentina del caos, un “punto de inflexión” que cambia el panorama rápidamente. Algunos pueden opinar que la reciente caída de los precios del petróleo sería un ejemplo de ello. Brooks Ritchey, Director Ejecutivo Senior de K2 Advisors, Franklin Templeton Solutions, analiza los puntos de inflexión que desencadenan giros drásticos del mercado y reflexiona sobre si cree que la renta variable mundial puede estar actualmente balanceándose al borde de uno de estos giros.

Brooks Ritchey
Brooks Ritchey

J. Brooks Ritchey
Director Ejecutivo Senior en K2 Advisors, Franklin Templeton Solutions

En la edición de marzo de 2010 de Foreign Affairs Journal, el profesor de historia de Harvard Niall Ferguson publicó un fantástico artículo (en mi humilde opinión) en el que resumía la complejidad de los sistemas y la interacción de las fuerzas en relación con el auge y la caída de grandes sociedades a lo largo de la historia. En él, describe cómo los grandes imperios se podrían definir como sistemas complejos que están “asimétricamente organizados”, es decir, que su construcción se asemeja más a un hormiguero de termitas que a una pirámide egipcia. Al igual que los sistemas complejos, estas sociedades tendían a compartir determinadas características observables y ubicuas. Estas incluían la interacción de varios agentes dispersos, múltiples niveles de organización, a veces una falta de control central, adaptación continua, la creación incesante de nichos nuevos y la ausencia de uniformidad. El autor describió de qué modo estos sistemas funcionaban en algún lugar entre el orden y el desorden (“al borde del caos”, tal y como sugirió), pareciendo bastante estables durante largos periodos y, aparentemente, en un estado de equilibrio. No obstante, con el tiempo, este equilibrio observable se vería interrumpido. Muy a menudo tendría lugar un acontecimiento o acción aparentemente pequeña, un “punto de inflexión”, que daría lugar a una interrupción significativa.

Los científicos definen esta noción de “borde del caos” como encontrarse en un “estado crítico” o próximo a una “transición de fase”, como los instantes previos antes de que el agua se convierta en vapor o hielo, o justo antes de una reacción nuclear. Sin embargo, este concepto no es exclusivo de los ámbitos académicos de la ciencia, ni tampoco se limita a aplicaciones relacionadas con estados de la materia y la energía. Estos “puntos de inflexión” que conducen a “transiciones de fase” (algunas veces insignificantes y otras veces con la capacidad de cambiar el mundo) nos rodean continuamente en las interacciones y actividades de nuestra experiencia colectiva. Se encuentran activos en la corteza terrestre cuando las placas tectónicas en movimiento provocan un terremoto en California, en la sociedad cuando la valiente decisión de una mujer negra de no sentarse nunca más injustamente en la parte trasera de un autobús provoca un cambio de paradigma en los derechos civiles y el pensamiento cultural, y, por supuesto, en los mercados de valores en los cuales las ejecuciones hipotecarias en Nevada terminan con la quiebra de una de las instituciones financieras más sobrias y emblemáticas de Wall Street.

Los puntos de inflexión y las transiciones de fase están presentes siempre y en cualquier lugar, y nos podrían ocurrir a nosotros en cualquier momento y en cualquier circunstancia. En términos de los mercados, nuestro mundo se podría evaluar fácilmente como uno que se encuentra perpetuamente al borde de la transición de fase, o, según lo descrito por el economista John Mauldin, en un “estado de desequilibrio estable”. Es decir, que los participantes de todo el mundo están conectados de un modo inseparable en un telar complejo y estratificado de inversiones, deuda, comercio, globalización, comercio internacional, finanzas, divisas y bancos. Todos funcionan en un estado crítico pero estable, entre periodos de descanso (baja volatilidad y periodos alcistas) y reacción (alta volatilidad y periodos bajistas) del mercado.

Así que esto nos obliga a preguntarnos, ¿cuáles son los tipos de puntos de inflexión que pueden desencadenar una transición de fase en el mercado? ¿Se pueden observar? ¿Se pueden controlar y anticipar?

Pilas de arena

En el libro Ubiquity: Why Catastrophes Happen (Crown Publishing, 2002), el sociólogo Mark Buchanan explora los conceptos de la teoría de la complejidad, la teoría del caos y los estados críticos. Si bien no aborda directamente las inversiones, el libro proporciona una cierta perspectiva y comprensión de por qué los mercados financieros pueden parecer avanzar durante largos periodos relativamente sin problemas, a veces durante años, hasta la aparición repentina del caos o el “Cisne Negro” de Nassim Taleb (tipos de acontecimientos que surgen y provocan correcciones o desplomes del mercado).

El libro describe el trabajo de tres físicos que en 1987 estudiaron en el Laboratorio Nacional de Brookhaven, en Long Island. Los físicos, Per Bak, Chao Tang y Kurt Wiesenfeld, utilizaron un programa de ordenador para crear una pila de arena virtual. El programa fue diseñado para apilar granos de arena virtual uno por uno y hacer un seguimiento de los resultados, con la mirada puesta en el estudio de los “sistemas sin equilibrio”, es decir, el mundo de locos que nos rodea todos los días, independientemente de Wall Street. Durante el transcurso del experimento, los físicos aprendieron algunas cosas realmente interesantes. Se podría suponer que observaron algún tipo de comportamiento en forma de patrón en la pila de arena, como un tamaño típico o una cantidad de granos necesaria antes de que se produjera un derrumbamiento, pero no fue así. Por el contrario, cada vez que se realizó el experimento los resultados fueron completamente caóticos en su imprevisibilidad. Después de un gran número de pruebas con millones de granos de arena, no se detectó ningún patrón ni una cantidad típica necesaria para desencadenar un derrumbamiento del sistema. A veces se trataba solamente de un solo grano, otras, de 10, 100 o 5.000. Sin embargo, otras veces hacían falta montañas enormes de arena, millones de granos que se desplomaban en una única y aparentemente aleatoria aparición de insuficiencia. En otras palabras, literalmente cualquier cosa, en cualquier momento, podría estar a punto de ocurrir. Perpetuamente al borde de la transición de fase.

Siempre recuerdo este tipo de cosas cuando pienso en los mercados… y en el posicionamiento de las carteras.

En un intento de obtener alguna información sobre la causa de dicha imprevisibilidad en su juego de la pila de arena (o en un intento de asignar algún tipo de orden al desorden que observaron), los científicos siguieron avanzando con su experimento. Observaron la pila de arena desde arriba y colorearon sus regiones en función de la pendiente: las áreas relativamente planas, de color verde y las secciones más empinadas, de color rojo.

Evidentemente, al principio la pila era básicamente de color verde (aunque todavía se derrumbaba de vez en cuando), pero a medida que el juego avanzaba, empezaron a infiltrarse más áreas rojas, hasta que finalmente el denso esqueleto de puntos rojos aleatorios peligrosos se expandió por la arena como los afluentes del delta del Mekong. Esto ofreció alguna información sobre el peculiar comportamiento (aunque no ofreció una previsibilidad real), puesto que un grano de arena que cayera sobre una mancha roja podría, como si de un dominó se tratase, provocar un deslizamiento en otras manchas rojas cercanas.

Si la red roja era dispersa y todos los puntos problemáticos estaban bien aislados, entonces probablemente un solo grano podría haber tenido únicamente repercusiones limitadas, en caso de haberlas; de nuevo, el desencadenamiento fue aleatorio. Pero a medida que las manchas rojas empezaron a crecer y a interconectarse, el impacto del siguiente grano se volvía terriblemente impredecible. A veces caía inofensivamente y no tenía ningún efecto sobre la pila, a veces algunos granos caían y, cada cierto tiempo, desataba una reacción de cataclismo que hacía caer las paredes de arena de toda la pila hacia abajo.

Afluentes de la incertidumbre

El autor los define como los dedos de la inestabilidad, pero preferimos considerarlos como los afluentes de la incertidumbre, y no por el riesgo de infracción de derechos de autor o por orgullo de autoría, sino porque la “inestabilidad” implica, en cierto modo, que una avalancha es inminente, cuando, de hecho, el experimento demostró que no hay orden ni concierto. Es tan fácil que las cosas pasen como que no. Lo que ocurre es que siempre nos encontramos en situación de incertidumbre y, por tanto, debemos estar siempre preparados y protegidos adecuadamente para vivir en un mundo incierto, independientemente de las carteras de inversión.

Si algo aprendimos del experimento de la pila de arena es que, si bien no podemos predecir qué grano de arena podría desencadenar la siguiente transición de fase, podemos hacernos una idea de la magnitud y el alcance potencial de cualquier alteración inminente a la pila observando la pendiente y la interconexión de los afluentes.

En cuanto a la inclinación de la pila de arena del mercado, disponemos de muchos datos que podemos observar que ilustran (literal y figuradamente) que hoy en día hay muchas cosas que nos rodean. Dicho esto, podemos observar que un gran número de afluentes de la incertidumbre a lo largo de la pila parece bastante extendido.

0215_K2NotesS&P_INTL_spaAsí pues, ¿qué ocurre con las interconexiones del mercado, el otro factor del experimento de la arena? Desafortunadamente, cuantificar las interconexiones del mercado es un poco más difícil desde el punto de vista del análisis de datos. Sin embargo, si hay una lección relevante que puede extraerse de periodos de caos como los de 2008, 1987, etc., es la comprensión de que las cosas que no se correlacionan en condiciones normales pueden hacerlo, y a menudo lo hacen, cuando los castillos de arena se desmoronan. Podemos estar seguros de todo esto.

La conclusión es que, es que no podemos predecir el futuro y no creemos, que el mercado mundial experimente un desplome importante a corto plazo (en el mejor de los casos, nunca). De hecho, ahora mismo somos optimista en relación con las perspectivas para la renta variable este año. No obstante, tenemos la sensación de que los mercados se están volviendo más frágiles y volátiles a medida que pasan los años. Hay días en los que todo esto da miedo, y ciertamente no es momento de perder completamente la cabeza. Hoy en día, los mercados no se parecen en nada a lo que eran hace 10 años. Esto no quiere decir que sean más arriesgados, puesto que, una vez más, se trata de una cantidad tan abstracta e inconmensurable para evaluar en conjunto que nadie lo podría saber nunca. Pero es justo decir que son más complejos, incluso según los estándares de 2008. El número de participantes, activos gestionados, estrategias de negociación, número de instrumentos negociables, la velocidad de la luz a la cual la información se mueve y se procesa… Todo esto son granos de arena que construyen una pila. Cuando las cosas van mal en un sistema complejo, la escala de interrupción es casi imposible de prever. Por ejemplo, no hay tal cosa como un incendio forestal típico o medio. Para utilizar la jerga de la física moderna, un bosque antes de un incendio se encuentra en estado de “criticidad autoorganizada”: se balancea al borde de un colapso a la espera de una chispa, pero el tamaño del colapso siempre es desconocido.

No sé si la divergencia que vemos entre los bancos centrales del mundo va a continuar. No sabemos si los precios de las materias primas seguirán desplomándose o si una rápida ganancia de los dólares estadounidenses frente a divisas extranjeras provocará una mayor deflación y el contagio. ¿Están los mínimos de 30 años de los rendimientos del mercado de bonos insinuando un sumidero económico?

Lo único que sí sabemos (y es algo en lo que creemos firmemente) es que es imprescindible construir una cartera que esté cubierta y diversificada de un modo efectivo.

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