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Invertir en función de factores de riesgo: No es solo una cuestión de tendencias alcistas

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Luego crisis financiera mundial de 2007-2009, los inversores de muchos mercados se acostumbraron a niveles bajos de volatilidad, más allá de algunos impactos aislados en el mercado. Este verano, hemos visto indicios de una elevada volatilidad de mercado en todo el mundo, vinculada a las preocupaciones sobre Grecia y China, y a un posible cambio en la política monetaria estadounidense en otoño. Matthias Hoppe, vicepresidente senior y gestor de carteras de Franklin Templeton Solutions, afirma que el desvanecimiento de verano puede ser un presagio de más obstáculos de mercado por venir, y argumenta que los métodos tradicionales de búsqueda de diversificación para suavizar el camino necesitan ser reconsiderados, mientras se intensifica la volatilidad.

Matthias Hoppe
Matthias Hoppe

Matthias Hoppe
Vicepresidente Senior, Gestor de carteras
Franklin Templeton Solutions

Desde la crisis financiera, se ha producido un cambio radical en las actitudes de los inversores en relación con sus carteras. Actualmente, tenemos la impresión de que los inversores no están buscando carteras que asuman muchos riesgos para generar una rentabilidad positiva de altos dígitos. En lugar de esto, están buscando soluciones que tengan el potencial de ofrecer una cierta estabilidad dentro de un determinado nivel de riesgo. Cada vez más, observamos que muchos inversores parecen menos preocupados acerca de si sus carteras superarán el índice de referencia y se centran más en los resultados que pueden esperar de sus inversiones.

Estas consideraciones, junto con los desafíos inherentes al entorno de inversión actual, poseen el potencial de alterar a los enfoques multi-activos tradicionales (leer Qué es la inversión en factor de riesgo). Ese ha sido uno de los impulsores para nuestros equipos, centrándose en nuestro enfoque en factor de riesgo adoptado hace tiempo a través de una serie de estrategias.

La experiencia de la crisis financiera nos sugiere que cuando hay un gran impacto en el mercado, la correlación entre las clases de activos tiende a aumentar, lo que hace que se muevan más en sincronía. Creemos que esto limita la capacidad de los inversores para cosechar todos los beneficios de la diversificación[1], y sugiere que una estrategia de inversión exitosa requiere de una combinación de habilidades y capacidades para realizar una serie de negociaciones o inversiones independientes en un periodo de tiempo específico, generalmente un año.

Una mirada superficial al panorama de inversión da una indicación de la magnitud del desafío para los gestores de cartera e inversores tradicionales.

Nosotros, como equipo, somos optimistas en cuanto al crecimiento global, algo que vemos como un signo positivo para los activos de riesgo, como la renta variable. Sin embargo, reconocemos que muy pocos activos de riesgo (incluso aquellos considerados “activos seguros”) están exentos de ciertos desafíos. La mayoría se enfrenta a algún tipo de obstáculo.

Esto significa que un inversor o gestor de cartera debe analizar la situación con mayor profundidad. Por ejemplo, la renta fija se encuentra en un entorno desafiante ahora mismo, pues los tipos de interés se encuentran cerca de sus mínimos históricos en muchas de las economías desarrolladas del mundo. Para un inversor, es difícil generar una rentabilidad a partir de esta clase de activos. Como alternativa, puede que algunos inversores busquen oportunidades potenciales en los mercados emergentes.

Aunque ahora nos encontramos en una situación favorable en la zona Euro, la rentabilidad en la región ha disminuido en el pasado. En Estados Unidos, hemos visto rentabilidades cercanas a niveles récord, pues las empresas estadounidenses generan beneficios gracias al aumento del valor del dólar frente a otras monedas globales, lo que provoca preocupaciones sobre una posible burbuja.

Buscar estabilidad en un mundo volátil

En este contexto y con una cada vez más evidente divergencia en la política monetaria en todo el mundo, creemos que es probable que el largo periodo de muy baja volatilidad que los mercados en general han estado experimentando esté llegando a su fin.

Este verano ya hemos visto algunos indicios del tipo de aumento de la volatilidad que esperamos ver en el futuro. Nos esforzamos para gestionar nuestras estrategias dentro de un rango de volatilidad mediante el control de la contribución de riesgo de las diferentes clases de activos de nuestras carteras. De forma activa, asignamos ponderaciones a distintos factores de riesgo en función de nuestra visión de mercado descendente, y siempre tenemos en cuenta que un factor de riesgo no debería dominar la cartera excesivamente.

Eso ha dado lugar a una evolución en la forma en que vemos nuestras carteras. En el pasado, presentamos la distribución al riesgo por clase de activo, en renta variable, divisas y bonos.

Actualmente, agrupamos todas nuestras inversiones en uno de  cuatro estilos para ser más transparentes y garantizar que nuestra cartera esté bien diversificada.

  • Crecimiento: estrategias que pretenden encontrar oportunidades que se considera que tienen un buen potencial de crecimiento
  • Defensivas: estrategias que pretenden proteger a los inversores frente a pérdidas importantes de las principales recesiones del mercado
  • Estables: estrategias que pretenden ofrecer de forma constante rentabilidades superiores a las de los mercados monetarios a la vez que asumen mayores cantidades de riesgo
  • Oportunistas: estrategias (de crecimiento o defensivas) que pretenden sacar partido de los trastornos del mercado o de las diferencias en las valoraciones que se producen en los horizontes a corto plazo

Mediante la combinación de estas estrategias, nos aseguramos de que la cartera no esté sesgada hacia una sola dirección. Incluso determinadas inversiones de renta fija pueden presentar características de crecimiento, por ejemplo, y no deberían considerarse defensivas. Mediante la combinación de estas estrategias en la cartera, nuestro objetivo es construir una cartera mucho más diversificada en términos de gestión de la correlación efectiva.[2] De este modo, nuestro objetivo es gestionar el lado negativo de los acontecimientos del mercado, así como el lado positivo.

Ahí es donde creemos que se encuentra el valor real. Y creemos que no se trata de tener habilidades en la predicción de la fecha de la próxima crisis de mercado, sino más bien de tratar de obtener una cartera muy bien diversificada que tenga inversiones verdaderamente sin relación.

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¿Cuáles son los riesgos?

Todas las inversiones implican riesgos, incluida la posible pérdida de capital. El valor de las inversiones puede experimentar oscilaciones al alza o a la baja, y cabe la posibilidad de que los inversores no recuperen el capital total que invirtieron. Los precios de las acciones fluctúan, a veces de forma rápida y dramática, debido a factores que afectan a compañías individuales, industrias o sectores particulares, o a condiciones del mercado en general. Los riesgos especiales están relacionados con la inversión extranjera, incluyendo las fluctuaciones de moneda, la inestabilidad económica y los desarrollos políticos. Las inversiones en derivados implican costes y crean apalancamiento económico, lo que puede generar una importante volatilidad y causar pérdidas que superen en mucho la inversión inicial. Las ventas cortas suponen el riesgo de que las pérdidas puedan superar el importe original invertido. Existe el riesgo de liquidez cuando los valores son más difíciles de vender al precio al que se han valorado.

[1] La diversificación no garantiza beneficios ni protege frente al riesgo de pérdida.

[2] La correlación mide en qué medida ambas inversiones se mueven al mismo ritmo. La correlación se mueve entre 1 (correlación positiva perfecta; en la que los dos elementos históricamente siempre se han movido en la misma dirección) y -1 (correlación negativa perfecta; en la que dos elementos históricamente siempre se han movido en direcciones opuestas).