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Política monetaria estadounidense: un déjà vu que se repite constantemente

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Brooks Ritchey, director ejecutivo senior de K2 Advisors®, Franklin Templeton Solutions®, rinde homenaje al fallecido Yogi Berra en este documento sobre la política monetaria de los Estados Unidos. Citando una de las ocurrencias más famosas de Berra, Ritchey afirma que, por desgracia, nuestro futuro colectivo “ya no es lo que era” y las dudas sobre si mantener los tipos de interés estadounidenses cerca de cero puede causar más daños que beneficios en este momento.

Brooks Ritchey
Brooks Ritchey

Brooks Ritchey
Director Ejecutivo Senior, K2 Advisors®
Franklin Templeton Solutions®

En honor a la leyenda del béisbol, Yogi Berra, que falleció el mes pasado, he decidido expresar mi opinión sobre la política monetaria estadounidense con una colección de sus famosos “yogismos”: frases que parecen no tener sentido por sí mismas, pero que resultan divertidas y acertadas cuando uno se para a pensar en ellas.

“Es como un déjà vu que se repite constantemente” – Yogi Berra

Antes de que se anunciase la muerte de Berra, yo ya tenía en mente su ocurrencia del “déjà vu”, dada la decisión de la Reserva Federal (Fed) de volver a posponer la subida de los tipos de interés en su reunión de política monetaria de septiembre.

He de admitir que esta decisión no me sorprendió demasiado, ni tampoco a los mercados; las previsiones sobre la probabilidad de una subida se habían dividido en dos. Sin embargo, si tuviese que describir mi reacción la decepción. Tengo la sensación de que la Fed ha perdido una oportunidad ideal para actuar. Con este último aplazamiento, es muy posible que se haya cerrado la ventana para una subida en 2015 y ahora el aumento más cercano de los tipos de interés será, como mucho, para principios de 2016. En nuestra opinión, es poco probable que se produzca un aumento en octubre; en noviembre no habrá reunión del Comité Federal de Mercado Abierto y el calendario (y la liquidez del mercado del Tesoro) simplemente no es favorable para que la junta del 16 de diciembre decida incrementar los tipos. ¿Se podrían mover entonces? Es posible, pero no tengo demasiadas esperanzas.

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“Si no sabes hacia dónde vas, puedes acabar en cualquier parte” – Yogi Berra

La conclusión es que la Fed ha mantenido su tipo de interés de referencia (el tipo de los fondos federales) cerca de cero (política de tipo de interés cero o ZIRP, por sus siglas en inglés) durante más de siete años. Por el momento, parece que se quedará así a corto plazo. Estoy empezando a creer que es un error y que cuanto más nos adentremos en este camino, más lejos estaremos de nuestro objetivo.

Al principio, bajar el tipo tenía como objetivo dar apoyo a una economía que se tambaleaba por la Gran Recesión de 2007-2009. Esta medida fue aplaudida por la mayoría de los economistas, puesto que la consideraban correcta. Muchos de esos mismos economistas se están cuestionando su utilidad hoy en día, al igual que yo.

Mientras que, al principio, la ZIRP proporcionó la necesaria liquidez durante la crisis y un impulso de +200% a los promedios más importantes de los mercados de valores, cualquier crecimiento económico relacionado que el antiguo Presidente de la Fed, Ben Bernanke y otros, intentara lograr, parece algo más dudoso.

Por lo general, la producción industrial ha sido, como mucho, mediocre y muchas empresas no parecen dispuestas a comprometer grandes sumas de capital de sus principales actividades, pero sí reinvierten billones en recompra de acciones, aumentos de dividendos, y fusiones y adquisiciones.

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Se debe tener en cuenta que la Fed está integrada en su mayor parte por keynesianos, que creen (esperan) que los miles de modelos económicos que han creado con su personal lleno de  expertos en economía llevará al mundo hacia el camino de la normalización. Disculpen mi escepticismo, pero tengo la impresión de que ya hemos pasado por este camino antes. Para citar a otra figura del deporte, tal como dijo el boxeador Mike Tyson una vez: “Todo el mundo tiene un plan hasta que le dan un puñetazo en la cara”.

Es decir, quizás sea ingenuo esperar que estos planes tan bien trazados funcionen según lo previsto, dado que se basan en una teoría y, como tal, no reflejan la complejidad y profundidad de los miles de millones de reacciones y participantes económicos que influyen en el comportamiento diario del mercado. El único modo en que la Fed puede construir un modelo que describa dicha complejidad es aceptar el mundo real y reconocer los motivos y las relaciones del mercado basándose en una comprensión académica implícitamente imperfecta de cómo funcionan e interactúan las cosas.

No creo que esta expectativa sea realista. Aunque pudiésemos planear la vuelta a una prosperidad económica continua, un instrumento monetario que se encuentre en su límite inferior –el pedazo de cuerda del proverbio– no es suficiente para resolver los problemas de crecimiento de las economías desarrolladas; problemas impulsados por deficiencias fiscales y una tendencia de una década hacia la acumulación del crédito.

En nuestra opinión, necesitamos como mínimo instrumentos fiscales (presupuestos gubernamentales, políticas fiscales y una política reguladora prudente) para remediar lo que es principalmente un problema fiscal.

Ben Bernanke, predecesor de la presidenta de la Fed, Janet Yellen, lo sabía y lo explicó: “…la política monetaria no es una panacea. Se podrían tomar muchas otras medidas para fortalecer nuestra economía con el paso del tiempo, como dirigir el presupuesto federal hacia un camino sostenible, reformar el código fiscal, mejorar nuestro sistema educativo, apoyar la innovación tecnológica y expandir el comercio internacional”.

Por supuesto, desde un punto de vista económico centrado en Austria, la razón principal de que nos encontremos en esta posición de preguntarnos de nuevo por qué la liquidez masiva no ha estimulado el crecimiento se debe a, claro está, ¡la liquidez masiva! Es decir, las medidas políticas implementadas son las mismas políticas que nos han traído hasta aquí. En términos más simples, es como desvestir a un santo para vestir a otro. Al contrario que los keynesianos, dichos economistas austriacos dirían que utilizar un estímulo artificial para suavizar la economía cuando las cosas están algo difíciles, simplemente posterga las correcciones necesarias, agudizando así el dolor cuando finalmente haya que pagar la factura. Básicamente, es probable que sugirieran que una política monetaria ultraflexibilizada desalienta los ajustes estructurales necesarios en todos los niveles, ya sea en gobiernos, bancos, empresas u hogares. En efecto, las empresas y gobiernos zombis se mantienen con vida y el sector financiero se siente respaldado para realizar una mala asignación.

Por lo que la pregunta sigue siendo: ¿es buena idea mantener una ZIRP en Estados Unidos hoy en día o el hecho de no aumentar los tipos está siendo más perjudicial que beneficioso? Supongo que depende de cada perspectiva y cada opinión. Sin duda, desde la perspectiva de muchos jubilados que no han ganado mucho en sus vidas de ahorro bancario durante la pasada década más o menos, la respuesta es un enérgico “sí” a la última parte de la pregunta. Por supuesto, son muchos los que sienten el dolor de los tipos de interés. Son los fondos de pensiones los que atraviesan dificultades para aumentar sus activos lo suficientemente rápido como para cumplir con los pasivos en crecimiento exponencial, los mercados que se han visto frustrados ante la capacidad de asignar capital de forma natural y eficiente y las empresas fuertes obligadas a competir contra otras mantenidas con vida de forma artificial con créditos baratos. En otras palabras, lo que al principio fue una medicina para estimular el crecimiento, hoy puede ser un veneno.

“Se puede observar mucho tan solo mirando” – Yogi Berra

Por último, unas observaciones: En cuanto a lo que podemos anticipar avanzando en lo relativo al comportamiento del mercado, la economía global y las perspectivas de crecimiento, el panorama es quizás más oscuro hoy de lo que lo ha sido en una generación. Como hemos señalado, a corto plazo, el experimento de la flexibilización cuantitativa (QE) tuvo éxito al evitar una mayor contracción y al impulsar los mercados financieros. A largo plazo, no vemos claro su impacto y utilidad. Es probable que la Fed opine que el mundo desarrollado crecerá por completo a partir de su gigantesca pila de deudas y derechos infundados, lo que me resulta optimista. Hay muchos que afirman que la QE sirvió únicamente para aplazar lo inevitable, que no se han abordado los problemas fundamentales que causaron la recesión y que tanto Estados Unidos como otros países del mundo deberán enfrentarse a la perspectiva de incumplir con sus obligaciones de un modo u otro. Solo el tiempo dirá cuál será el impacto duradero de la QE.

Mientras, quizás lo único en lo que todo el mundo está de acuerdo –y una opinión con la que nos sentimos cómodos respaldada por un gran nivel de confianza– es que el futuro traerá más volatilidad. Desde una perspectiva de gestión de inversiones, creemos que las carteras deberían posicionarse en consecuencia, centrándose en reducir el riesgo, una asignación táctica de activos y una gestión activa agnóstica de la referencia real. Tampoco hace daño una buena dosis de esperanza; después de todo, como Yogi dijo una vez “no se habrá acabado hasta que se haya acabado”.

Los comentarios, las opiniones y los análisis de Brooks Ritchey solo cumplen una función informativa y no se deben considerar como asesoramiento de inversión individual, o como una recomendación para invertir en algún valor o para adoptar alguna estrategia de inversión. Debido a que el mercado y las condiciones económicas están sujetos a cambios rápidos, los comentarios, las opiniones y los análisis son válidos a la fecha de esta publicación y pueden cambiar sin previo aviso. El material no es un análisis completo de cada hecho material en relación con ningún país, región, mercado, industria, inversión o estrategia.

Esta información está destinada únicamente a residentes en EE. UU.

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