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Por qué no estamos asustados con los acontecimientos en China

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En los primeros días de 2016 hemos asistido al regreso de la misma volatilidad que experimentaron los mercados globales en el tercer trimestre de 2015, aparentemente por idéntica causa: las dudas en torno a la viabilidad y trayectoria del crecimiento económico de China. Nuestro equipo Templeton Global Macro considera que muchos de estos temores pueden ser exagerados y, en su opinión, aunque la volatilidad podría prolongarse a corto plazo, la historia subyacente en China es más esperanzadora. Aquí, Michael Hasenstab, director de inversión de Templeton Global Macro, explica que, a su modo de ver, la moderación del crecimiento de China puede entenderse como una normalización en vez de una desaceleración, y también explica por qué no augura una guerra de divisas.

Michael Hasenstab
Michael Hasenstab

Michael Hasenstab, Ph.D.
Vicepresidente ejecutivo, gestor de cartera
Director de inversión
Templeton Global Macro

Durante la primera semana del año, las Bolsas de China sufrieron un fuerte varapalo, lo que provocó un pánico generalizado en el resto de mercados bursátiles del mundo. Aunque entendemos que este suceso puede resultar inquietante para los inversores internacionales, nuestro profundo análisis a largo plazo de la situación económica de China nos lleva a pensar que ahora no es el momento de asustarse. En general, mantenemos nuestra opinión de que las condiciones que subyacen en la economía china son, en términos fundamentales, más estables de lo que han indicado los mercados recientemente. Seguimos creyendo que los responsables políticos de China disponen tanto de las herramientas como del arsenal financiero necesarios para contrarrestar el reciente frenazo económico del país y mantener su tasa de crecimiento en el orden del 6%–7%, lo cual, a su vez, nos parece suficiente para sostener el crecimiento mundial.

A lo largo de su historia relativamente corta, la Bolsa nacional de China ha sido propensa a sufrir fluctuaciones extremas, en parte porque ha estado cerrada a inversores internacionales. A pesar del papel relativamente secundario que todavía desempeña la Bolsa de China en su economía, bien como fuente de capital para las empresas o como destino de inversión para las familias, su importancia en ambos aspectos ha ido en aumento.

El verano pasado, el gobierno chino adoptó una serie de medidas administrativas para frenar la caída de las cotizaciones tras una corrección que alarmó a los inversores del mundo entero. Conviene recordar que la corrección sufrida en ese momento sobrevino después de que las valoraciones se hubieran más que duplicado durante los 12 meses anteriores, aunque eso no precipitó el descalabro absoluto que algunos observadores habían predicho.

[Recuadro: Un mercado de valores chino boyante]

Un mercado de renta variable sólido reporta beneficios para China: (i) Ofrece un entorno más atractivo para las salidas a Bolsa y para la financiación de empresas de capital riesgo, abre nuevas oportunidades de financiación a pequeñas y medianas empresas con un acceso más limitado al crédito; (ii) crea un entorno más favorable  a las privatizaciones, al respaldar el proceso de reforma de las empresas estatales (SEO); y (iii) con el aumento del número de titulares de acciones durante el recorrido bursátil alcista, también puede servir de resorte al consumo interior a través del efecto riqueza, incluso si es reducido (la titularidad de renta variable sigue siendo escasa en China, al situarse en menos del 2% de los activos de las familias).

Los responsables políticos están tratando de hallar el equilibrio idóneo. Su deseo es evitar un crac bursátil, lo cual no solo supondría una amenaza para el crecimiento económico sino que también trastocaría el objetivo de convertir el mercado de renta variable en una parte más importante de la economía como fuente de financiación para las empresas y como oportunidad de inversión para los ahorradores. Sin embargo, las autoridades preferirán contribuir a la estabilidad del mercado en vez de fomentar otro brusco repunte de las valoraciones que podría allanar el terreno para otro descalabro total].

El Banco Popular de China (PBOC) ha intervenido una vez más para devaluar el yuan, y de nuevo algunos analistas han interpretado la devaluación como un indicio de que los responsables políticos siguen estando profundamente preocupados por la desaceleración del crecimiento.

Nuestra opinión es distinta de la mantenida por algunos observadores, según los cuales las autoridades chinas podrían estar tramando una depreciación sustancial del yuan para estimular el crecimiento a través de las exportaciones,  lo que depararía en una guerra de divisas capaz de trastocar el crecimiento mundial y el sistema financiero global.

Como sostuvimos en nuestro informe Global Macro Shifts: análisis pormenorizado de China), lo más probable es que los responsables políticos de China mantengan su hoja de ruta. Cabe observar que antes de la depreciación sufrida en agosto de 2015, la moneda de China se había apreciado más del 12% en términos efectivos reales en los 12 meses precedentes. Por otro lado, China había registrado ciertas salidas de “dinero especulativo” durante el primer semestre del año, lo cual sin duda influyó en las decisiones de las autoridades del país. A pesar de la modesta depreciación que ha experimentado el renminbi, no creemos que esto augure una nueva caída incontrolada de la divisa como temían los mercados.0116_China_BalancingAct-spa-ES

La inevitable normalización del crecimiento de China

El actual pesimismo de los mercados sobre la trayectoria que seguirá el crecimiento económico de China es un sentimiento que no compartimos. Consideramos que la reciente moderación del crecimiento de China constituye una normalización inevitable de una economía tan grande; su producto interior bruto (PIB) en términos nominales se ha multiplicado por cinco respecto al nivel que registraba hace 10 años.  Por lo tanto, una tasa de crecimiento más baja sigue representando un enorme volumen de la demanda agregada mundial.

Nuestra evaluación revela que la calidad del crecimiento del gigante asiático ha mejorado en los últimos años.  Los crecientes costes laborales y tipos de interés ejercen una presión bajista en los beneficios; sin embargo, el aumento de los salarios estimula el consumo, lo cual se está convirtiendo cada vez más en el pilar central del crecimiento chino; estimamos que el consumo se aproxima ya al 60% del PIB y va en aumento. Por otro lado, las nuevas medidas de liberalización de los tipos de interés pueden reencauzar el capital hacia el conjunto de la economía, especialmente el sector privado, que previsiblemente será el futuro motor del crecimiento.

En la actualidad, el sector privado de China contribuye más a la expansión del empleo que el sector público, una situación que no se ha visto en los últimos 30 años. El rápido proceso de urbanización de China también pasa por el desarrollo económico.  Los planes para la inversión en infraestructuras siguen en marcha, como en el caso del sector ferroviario, que está abocado a expandirse ante la demanda de una mayor purificación del agua y proyectos de mejora del medio ambiente. Estos proyectos podrían contrarrestar en parte los lastres que aquejan al crecimiento derivados de la contracción de la manufacturas y del exceso de capacidad en el sector inmobiliario. En este último sector, parece que los precios de los inmuebles han tocado fondo gracias a medidas anteriores de flexibilización.

En definitiva, a tenor de nuestro análisis, creemos que China mantendrá su rumbo, en un contexto de desaceleración modesta del crecimiento del PIB en dirección hacia el 6% durante los próximos años, mientras la economía se desplaza hacia el consumo, los servicios y las manufacturas de mayor valor añadido[1]. Esto tiene importantes consecuencias para la economía mundial:

En nuestra opinión, un crecimiento superior al 6% en China favorecerá al crecimiento mundial, un factor importante dada la fragilidad estructural de la recuperación europea y el futuro endurecimiento de la política monetaria de la Reserva Federal estadounidense (la Fed).

Esto, unido a la nueva ronda de inversiones en infraestructuras, redundará en beneficio de los mercados de materias primas. Conviene tener en cuenta, no obstante, que la reorientación económica de China, desde la inversión hacia el consumo, también reducirá la demanda de la mayoría de metales industriales. Por consiguiente, una vez sopesados todos estos factores, las perspectivas de China deberán ser compatibles con la estabilidad de precios de las materias primas de aquí a los próximos años.

El reajuste de China también tiene un efecto diferencial en los intercambios comerciales: Seguramente veremos un aumento del comercio con economías avanzadas que producen productos terminados e industriales, y una reducción relativa del comercio con productores de materias primas. Asimismo, la iniciativa “One Belt, One Road” y las medidas que pueda adoptar el recientemente lanzado Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras también merecen especial atención debido a su incidencia potencial en los intercambios comerciales a largo plazo.

  • Por último, el crecimiento sostenido de los salarios implica que China seguramente irá exportando al resto del mundo una presión inflacionaria cada vez mayor. Esto refuerza nuestra tesis de que, comenzando con Estados Unidos, posiblemente veremos unas tasas de inflación y unos tipos de interés más elevados.

En resumen, aunque la economía de China se encuentra en una fase crucial de reajustes, no creemos que esté en riesgo de desplomarse. Algunos de los motores de crecimiento tradicionales (manufacturas, sector inmobiliario y gasto público local) se han detenido o contraído, pero existen nuevos motores (el sector servicios y una nueva generación de empresas del sector privado) que están tomando el relevo de aquellos. Aunque es posible que sigamos experimentando una volatilidad coyuntural, mantenemos nuestro optimismo sobre las perspectivas de China en su búsqueda de un nuevo equilibrio.

Para obtener un análisis más detallado de China y de otros mercados del mundo, lea “Global Macro Shifts,” un informe basado en la investigación sobre las economías de distintos países que incluye el análisis y las impresiones de Dr. Michael Hasenstab y de miembros senior del equipo Templeton Global Macro. Dr. Hasenstab y su equipo gestionan las estrategias de renta fija global de Templeton, incluida la asociada a renta fija flexible, divisas y macro global. Este equipo económico, formado en algunas de las universidades más destacadas del mundo, integra el análisis macroeconómico global con el análisis minucioso de países para poder identificar desequilibros estructurales que se traduzcan en oportunidades de inversión.

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¿Cuáles son los riesgos?

Todas las inversiones conllevan riesgos, incluida la posible pérdida de capital. El valor de las inversiones puede tanto subir como bajar y los inversores podrían no recuperar todo el capital invertido. Los precios de los bonos generalmente varían en sentido opuesto a los tipos de interés. Por lo tanto, la cartera puede verse depreciada durante el proceso en que los bonos mantenidos en ella ajustan sus precios al aumento de los tipos de interés. Los títulos extranjeros conllevan riesgos especiales, entre ellos el riesgo de fluctuaciones cambiarias y de incertidumbres económica y política. Las inversiones en mercados emergentes entrañan riesgos más altos relacionados con los mismos factores, aparte de los asociados a su tamaño relativamente pequeño y a su menor liquidez.

[1] No hay garantía de que las estimaciones o previsiones vayan a cumplirse.