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¿Será 2016 un año más próspero para la renta variable?

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Durante el pasado año, los mercados mundiales de renta variable se vieron lastrados por el renqueante crecimiento de las economías desarrolladas, el tambaleo de los mercados emergentes y el desplome de los precios de las materias primas. Sin embargo, Ed Perks, director de inversión en Franklin Templeton Equity, considera que, pese a la volatilidad que ha caracterizado al comienzo del nuevo año, los mercados bursátiles podrían registrar un 2016 más próspero.

Ed Perks
Ed Perks

Ed Perks, CFA
Vicepresidente ejecutivo
Director de inversión
Franklin Templeton Equity

En nuestras previsiones para 2016 mantenemos cierto optimismo general sobre las perspectivas y el potencial de rentabilidad de la renta variable mundial, a tenor de diversos factores, entre ellos el continuo descenso del desempleo en las regiones más importantes, la mejora de las perspectivas salariales para un amplio segmento de la economía mundial y la resistencia mostrada por la rentabilidad operativa de las empresas, que continúa dotando de una enorme flexibilidad a la asignación de capital.

Los mercados financieros se estabilizaron ligeramente en el cuarto trimestre de 2015, tras los elevados niveles de volatilidad registrados el trimestre anterior. En parte, esta estabilización se debió a la creciente convicción de que la Reserva Federal estadounidense (la Fed) no subirá los tipos de interés de forma automática, haciendo caso omiso de la coyuntura económica mundial, sino que, como explicó su presidenta, Janet Yellen, su actuación seguirá «un ritmo gradual y mesurado». Esta trayectoria, más ligada a los datos, de las futuras subidas de los tipos dependerá en última instancia de la evolución de indicadores económicos clave como el desempleo, los salarios y las expectativas de inflación; al mismo tiempo, se tendrán muy en cuenta las condiciones económicas predominantes en todo el mundo y los factores susceptibles de afectar a las perspectivas económicas de Estados Unidos.

En otro orden de cosas, la primera semana de negociación de 2016 trajo consigo una nueva oleada de volatilidad progresiva en los mercados financieros. La inquietud de los inversores se vio agravada por un buen número de factores macroeconómicos internacionales, entre ellos varios problemas relacionados con China: la acusada volatilidad de las Bolsas del gigante asiático, la nueva depreciación del yuan en los mercados de divisas y, una vez más, la preocupación por la desaceleración del crecimiento económico chino.  Por otro lado, en la primera semana de actividad bursátil de 2016 los mercados financieros se mostraron algo alterados por las tensiones geopolíticas entre Arabia Saudí e Irán, las noticias sobre pruebas militares nucleares en Corea del Norte y la creciente debilidad de los precios de la energía en todo el mundo. Aunque sopesamos debidamente cada uno de estos factores a la hora de formular nuestras tesis de inversión, creemos que estamos en posición de afirmar que—siempre que no se produzca una escalada sustancial de las tensiones geopolíticas—los mercados acabarán por dejar atrás estas noticias coyunturales y volverán a centrarse en los méritos y los fundamentos de cada valor específico.  De hecho, la reacción exagerada de los mercados financieros a titulares negativos de corto alcance suelen crear oportunidades de inversión atractivas para los inversores disciplinados a largo plazo.

Dado el surgimiento de diversas dificultades macroeconómicas y geopolíticas—como suele ocurrir cada cierto tiempo — no nos cabe duda de que se precisa  un esfuerzo conjunto para sostener el crecimiento mundial, cosa que probablemente suceda; según los últimos indicadores, un buen número de bancos centrales y gobiernos, como el Banco Central Europeo (BCE) y el Banco de Japón (BOJ), están dispuestos a seguir adelante con sus respectivos programas de expansión cuantitativa, incluso en un contexto de incertidumbre económica o geopolítica.

Un entorno lleno de complicaciones

 Durante buena parte de 2015, los mercados mundiales de renta variable tuvieron que hacer frente a la rémora de un crecimiento anémico en los mercados desarrollados, el tambaleo de los mercados emergentes y el desplome de los precios de un gran número de materias primas y recursos naturales, con consecuencias de calado. Aunque en los últimos años los bancos centrales más importantes han puesto en marcha medidas extraordinarias de política monetaria en un esfuerzo por estimular el crecimiento económico, estas medidas no han resultado tan eficaces a la hora de alcanzar los objetivos de crecimiento de 2015 en economías que conjuntamente representan una parte sustancial del producto interior bruto mundial, incluidos Estados Unidos, la zona euro, el Reino Unido y Japón.

Este complicado entorno sobrevino en un contexto de incertidumbre sobre el crecimiento económico en China y la transición de este país desde una economía basada en la exportación a una economía más orientada al consumo interno. Las acciones emprendidas en 2015 por el Banco Popular de China para seguir recortando los tipos de interés y relajar los requisitos de reservas pueden facilitar la transición que está teniendo lugar en esta economía. Pese a la debilidad de las manufacturas chinas, el consumo interno parece sólido mientras se aplica el último plan quinquenal del Partido Comunista, destinado a reestructurar la economía del gigante asiático y reducir su dependencia de la inversión y las exportaciones, aumentando así el peso de la innovación y el consumo interno. Por otro lado, la mejoría de la coyuntura del mercado a finales de 2015 pareció indicar que los inversores consideraban menos probable que China se hubiera embarcado en una devaluación a gran escala de su moneda para mejorar su competitividad, un temor que, al menos en parte, contribuyó al aumento de la volatilidad de la Bolsa en algunos momentos de 2015. Por último, los mercados siguieron obsesionados con el momento en que la Reserva Federal comenzaría a subir los tipos de interés en diciembre y las posibles repercusiones de esta medida para el mercado. En general, los mercados de renta variable mundiales sucumbieron a la presión de estos factores adversos y se estancaron en 2015.

Disciplina en asignación del capital corporativo

Una de las características que mejor definen a los mercados mundiales de renta variable en los últimos tiempos y que esperamos que siga siendo un rasgo distintivo en 2016 es la disciplina que se observa en la asignación del capital corporativo.

Dado que los indicadores de rentabilidad se mantienen en niveles elevados en términos históricos, los responsables de tomar decisiones en las empresas han gozado de una enorme flexibilidad a la hora de sopesar distintas medidas estratégicas y favorables a los accionistas, como por ejemplo la actividad de fusiones y adquisiciones, el incremento de la inversión y del gasto en bienes de equipo, la optimización de los balances, el aumento de los dividendos y las recompras de acciones. Además, muchas empresas han optado por desprenderse de activos secundarios y volver a dar prioridad a las oportunidades de inversión para producir mejoras en los rendimientos ofrecidos.

Aunque nuestro análisis indica que el crecimiento de las ventas en los últimos tiempos ha sido modesto en muchos sectores, nos parece probable que la evolución de otras partidas de la cuenta de resultados continúe reflejándose en los resultados y teniendo una mayor incidencia en los holgados niveles de beneficios que se registran actualmente. Creemos que esta situación se mantendrá a lo largo de 2016, dado el exiguo crecimiento de las ventas en muchos sectores. A nuestro juicio, es probable que estas condiciones favorables persistan, en parte debido a los reducidos costes energéticos y precios de muchas materias primas, las moderadas presiones que los salarios ejercen sobre los precios y el bajo nivel de los costes financieros y apalancamiento. En vista de las previsiones de subidas de los tipos de interés, muchos inversores se han mostrado crecientemente preocupados por el efecto que el aumento de los costes financieros puede tener en los beneficios de las empresas y, en última instancia, en los precios de las acciones. Aunque ese efecto no sería del todo insignificante, creemos que hay que tener en cuenta otros factores, como la ratio de la deuda sobre el capital total, que es generalmente inferior, así como la limitada influencia que la deuda total y los costes financieros tienen en la mayoría de los balances y las cuentas de resultados de las empresas. De hecho, aunque el monto total de la deuda emitida por empresas en todo el mundo a lo largo de los últimos años ha sido considerable, pensamos que la mayor parte de esta emisión de deuda se ha llevado a cabo por motivos justificados, como, por ejemplo, para sustituir deuda viva más cara por otra más barata y para aprovechar unos tipos de interés de mercado históricamente bajos para asegurarse costes de financiación atractivos para varios años.

Una época difícil para los inversores orientados a captar rentas

El reducido nivel general de los tipos de interés de mercado, sumado a los posibles escollos derivados de las subidas de los tipos de aquí en adelante, constituye un reto para los inversores orientados a la captación de rentas. Cada vez más inversores encuentran una alternativa en las acciones que pagan dividendos, que pueden ofrecer una combinación de rendimientos corrientes y potencial de crecimiento de los dividendos en el futuro. El nivel global de los dividendos abonados se redujo algo durante la crisis financiera mundial. Desde entonces, muchas empresas han vuelto a centrarse en incrementar los repartos de dividendos, una tendencia que se ha mantenido entre las características más destacadas de los mercados bursátiles durante 2015. Con la expectativa de subidas potenciales de los tipos de interés, muchos inversores han manifestado su inquietud por la sensibilidad de los títulos que reparten dividendos a la evolución de los activos de renta fija de larga duración, o la correlación existente entre ambos. Aunque admitimos que las empresas con elevadas ratios de «pay-out» que han experimentado un crecimiento reducido de los beneficios y cuyos dividendos podrían ser vulnerables a esta presión, nos servimos de nuestro análisis fundamental para tratar de evaluar todos los aspectos que definen la empresa, desde su posición competitiva y potencial de crecimiento hasta la solidez del balance y su capacidad para generar un flujo de caja disponible creciente. Estamos convencidos de que los títulos con estas características pueden ofrecer a los inversores un potencial de resultados atractivo en 2016 y años sucesivos.

¿Saldrá a cuenta ser selectivos en 2016?

 Creemos que hay tres cosas que nos permitirán obtener buenos resultados en 2016: nuestro análisis fundamental, la capacidad de ser selectivos y el optimismo.

A pesar de la incertidumbre en torno al ritmo del crecimiento económico mundial y la duración de la actual expansión económica, sigue habiendo un gran número de temas de crecimiento secular que ofrecen a los inversores múltiples oportunidades. La creciente prosperidad de la clase media en todo el mundo redunda en un mayor acceso a bienes y servicios de un segmento de la población en rápida expansión, sobre todo en las principales economías emergentes, China y la India. Paralelamente, la tecnología móvil se ha expandido por todo el planeta, generando oportunidades de inversión en muchas industrias y empresas.

La continua aplicación de la tecnología en el sector sanitario está permitiendo lograr avances en el desarrollo de nuevos medicamentos, la personalización de los tratamientos y programas para pacientes y la monitorización predictiva y móvil. Y aunque el sector energético causó tremendos disgustos a los inversores en 2015 tras el desplome de los precios del petróleo y del gas natural en todo el mundo, la capacidad de autocorrección del mercado, manifestada en una reducción de la inversión en exploración y producción, unido al agotamiento de pozos y al descenso de la actividad de perforación en Estados Unidos, debería allanar el camino hacia la generación de perspectivas más equilibradas en el nuevo año, según nuestro análisis.

Los mercados financieros mundiales aun se enfrentan a numerosos riesgos, pero los motores de la rentabilidad corporativa nos parecen sostenibles en el actual entorno empresarial y económico. Pese a las dificultades que ciertamente podrían presentarse en ámbito de los fundamentales, materializadas en una ralentización económica inesperada, conflictos geopolíticos o un aumento de la inflación y los costes de los insumos, o en una aceleración imprevista del ritmo y la magnitud de las subidas de tipos de interés en Estados Unidos o en cualquier otro país, creemos que el ciclo económico se mantiene intacto, alentado por el continuo crecimiento del empleo y la mejora de las perspectivas salariales. En vista de este entorno favorable en términos generales, de la gran cantidad de oportunidades disponibles y de nuestro énfasis en el largo plazo, continuamos siendo optimistas sobre las perspectivas de la gestión activa de renta variable de cara a 2016 en una amplia variedad de sectores y regiones.

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¿Cuáles son los riesgos?

Todas las inversiones conllevan riesgos, incluida la posible pérdida de capital. El valor de las inversiones puede tanto subir como bajar y los inversores podrían no recuperar todo el capital invertido. Los precios de las acciones experientan fluctuaciones, a veces rápidas y drásticas, debido a factores que afectan a empresas concretas, industrias o sectores específicos, o condiciones de mercado generales. La inversión en títulos extranjeros conlleva riesgos especiales, entre ellos el riesgo de fluctuaciones cambiarias, de inestabilidad económica y de acontecimientos políticos adversos. Las inversiones en mercados emergentes entrañan riesgos más altos relacionados con esos mismos factores.

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