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Hay un camino a seguir para Brasil

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Últimamente han surgido muchos rumores en torno al desenlace de los acontecimientos en Brasil, entre los que destaca la posible destitución de la presidenta Dilma Rousseff. Aunque los mercados financieros del país parecen mostrarse esperanzados de que llegarán tiempos mejores, lo cierto es que la economía aún se encuentra en un atolladero. Vagner Enrico Castilho Alves, analista financiero, Renta Fija de Brasil, Gestión de Activos Local, comparte sus reflexiones sobre las reformas claves que, a su juicio, precisa Brasil para salir de este cenagal y restaurar la confianza de los inversores, comenzando con su política fiscal.

Vagner Enrico Castilho Alves
Vagner Enrico Castilho Alves

 Vagner Enrico Castilho Alves

Analista financiero

Renta Fija de Brasil, Franklin Local Asset Management,

Análisis económico: Lidiando con la recesión

En nuestra opinión, el brusco deterioro que ha sufrido la economía brasileña es consecuencia de una combinación de políticas macroeconómicas poco ortodoxas que, aunque llevan vigentes desde 2008, se intensificaron en 2011, el primer año de mandato de la presidenta Dilma Rousseff. Entre estas políticas destacan el fuerte aumento del gasto público y los créditos subvencionados a través de bancos públicos, la congelación del precio de la gasolina y de la electricidad con vistas a frenar la inflación, así como transferencias fiscales de gran magnitud que acentuaron los desequilibrios económicos y causaron un descenso del producto interior bruto (PIB) del país.

Desde 2014, la economía de Brasil se encuentra sumida en una profunda recesión, provocada por la caída de la demanda interna; el mercado laboral se ha deteriorado de forma notable y la deuda bruta se ha visto fuertemente incrementada. A pesar de la débil actividad económica, la inflación ha continuado alta debido a la brusca devaluación del tipo de cambio y al aumento de los precios regulados y la mayor rigidez sobre ellos. Los gráficos adjuntos abajo ilustran esta situación.

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La inestabilidad política se agudiza

La situación económica de Brasil se ha agravado a raíz de la inestabilidad política, que culminó con el inicio del proceso de impeachment (juicio político) de la presidenta Rousseff en abril. Los precios de los activos nacionales reaccionaron al alza tras aumentar la probabilidad de que la presidenta fuera suspendida de su cargo, al tiempo que se redujo la aversión al riesgo y se apreció el tipo de cambio.

La cámara baja del Congreso Nacional de Brasil votó a favor de elevar al Senado la petición de destitución de Rousseff, propuesta que probablemente sea aprobada por la mayoría simple necesaria para proseguir con el procedimiento. Esto, a su vez, obligaría a la presidenta Rousseff a renunciar temporalmente al cargo hasta un máximo de 180 días, a la espera del resultado del juicio desarrollado en el Senado, que decidiría si la presidenta debe ser destituida del cargo con carácter permanente.

Retos y reformas necesarias

En el momento de redactar esto, parece haber una alta probabilidad de que el vicepresidente Michel Temer asuma la presidencia hacia mediados de mayo. Los mercados ya se preparan para este posible escenario de un nuevo gabinete (la prensa ya baraja varios nombres favorables al mercado), examinando si conseguirá o no el apoyo político necesario para poner en marcha las reformas necesarias, por lo general bien definidas.

En nuestra opinión, el primer desafío, y el más importante, que deberá afrontar el nuevo gobierno de Brasil está relacionado con la política fiscal. Nuestra hipótesis básica sobre la trayectoria que seguirá la ratio deuda bruta / PIB no ha dejado de empeorar. Si no suceden cambios fiscales estructurales y cíclicos, ni se implantan medidas de reforma, creemos que esta ratio podría mantenerse por encima del 85% en el transcurso de la próxima década, o incluso emprender una trayectoria explosiva.0516_LAM_Brazil_v2-es-ES6

Dada la previsión de un déficit creciente para los próximos años, nos parece necesario que se implante una reforma exhaustiva del sistema de pensiones brasileño. No será fácil que se apruebe esta reforma, porque resulta impopular, pero creemos que la edad de jubilación debería incrementarse a 65 años (actualmente es sitúa en 52–54 años, de media) y las revisiones de las prestaciones no deberían estar ligadas a las subidas del salario mínimo. Sin embargo, una reforma de ese calado probablemente tendría un efecto positivo en la confianza de los inversores, así como en los precios de los activos.

En nuestra opinión, también es fundamental que a lo largo de este año se implanten medidas fiscales complementarias, por ejemplo recortes del gasto y subidas de algunos impuestos. La consolidación fiscal probablemente restituirá la confianza y permitirá que la economía vuelva a la senda del crecimiento en 2017–2018.

Por otro lado, las reformas estructurales contribuirían a mejorar la situación e infundir un optimismo aún mayor a la economía. La autonomía del banco central, la reformulación de las directivas de los bancos propiedad del Estado y las reformas laborales y políticas son algunas de las principales áreas de debate.

Aunque vemos un claro consenso entre los observadores sobre la necesidad de implantar las reformas en Brasil, solo hay un tenue optimismo de que exista voluntad política para adoptar siquiera una iniciativa de reforma ultraconservadora. Así pues, la coalición de “nuevo gobierno” de Brasil (suponiendo que salga adelante la destitución presidencial) tendrá la ardua tarea de construir los puentes y el diálogo políticos necesarios en un momento en que existe un fuerte malestar general sobre la clase política entre el público. Suponiendo que el vicepresidente Temer toma posesión como presidente, su nuevo gobierno tendrá que transmitir claramente su estrategia para ganarse el apoyo de los ciudadanos brasileños y convencer al Congreso para que apruebe las reformas necesarias.

No obstante, conviene destacar que Michel Temer es, a nuestro juicio, un político sumamente cualificado que sabe lo que hay que hacer para restaurar la confianza. Es miembro del partido más grande del Congreso (PMDB) y puede crear los lazos políticos que hagan falta. Además, las instituciones brasileñas están funcionado bien y han sido transparentes, como hemos comprobado en las investigaciones llevadas a cabo en la llamada “Operación de Lavado de Coche” o en las recientes decisiones del Tribunal Supremo. Se precisan instituciones fuertes y transparentes para implantar reformas y efectuar auténticos cambios. Por esa razón, creemos que, aunque no será fácil, existe un camino a seguir para Brasil, así como excelentes oportunidades de inversión potenciales en el país.

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