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El arte intangible de la diligencia debida operativa

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¿Qué tienen que ver las estatuas griegas con el mundo de las finanzas y la inversión? Brooks Ritchey, director general sénior de K2 Advisors, Franklin Templeton Solutions, examina el apasionante tema de la diligencia debida operativa, recurriendo a una anécdota preventiva sobre una diligencia debida que llevó a cabo un célebre museo sobre sus tesoros antiguos (o quizás no tanto) para extraer paralelismos que permitan someter a examen estrategias alternativas o los gestores de estrategias de cobertura.

Brooks Ritchey
Brooks Ritchey

Brooks Ritchey
Director general sénior de K2 Advisors
Franklin Templeton Solutions

La siguiente historia es narrada por el periodista Malcolm Gladwell en su obra, Blink: The Power of Thinking Without Thinking (Little, Brown and Co., 2005).

La estatua que no encajaba

En septiembre de 1983, un comerciante de arte se puso en contacto con el Museo J. Paul Getty en California para presentarle una estatua de mármol que supuestamente databa del siglo VI AC. La estatua era lo que se conocía como un “kuros”, una antigua escultura griega erguida que representa a un varón desnudo. En aquel momento existían sólo varias centenas de kuros conocidos, y la mayoría de ellos eran solo fragmentos rotos o bustos parciales. Sin embargo, este era único en el sentido de que se encontraba casi en perfecto estado. Su altura alcanzaba casi los 2,1 metros y se conservaba bien casi de manera uniforme. Si realmente se trataba de un kuros, la escultura era un tesoro extraordinario. El precio de venta que el comerciante ofertó al museo era de 10 millones de dólares.

Naturalmente, el Getty se embarcó en un ejercicio minucioso de diligencia debida antes de comprometerse a comprar la estatua. ¿El aspecto y el diseño de la escultura eran acordes con los de otros kuros auténticos conocidos?  Sí. ¿Dónde se había encontrado? El comerciante facilitó un montón de documentación en la cual se establecía sus orígenes en un arqueólogo griego de la década de 1930. ¿El material del que estaba hecho parece auténtico? Una vez más, la respuesta era afirmativa. Un geólogo de la Universidad de California Davis dedicó dos días a examinar la superficie de la estatua con un estereomicroscopio de alta resolución.

Además, extrajo una muestra básica y la analizó con un microscopio electrónico. Después de comprobar todo, el geólogo concluyó que la estatua parecía haberse creado con el mármol dolomita procedente de la antigua cantera del Cabo Vathy ubicada en la isla de Tasos y que su superficie estaba cubierta con una fina capa de calcita. La calcita era relevante porque sustentaba la hipótesis de que la dolomita solo pudo convertirse en calcita con el transcurso de varios cientos, o incluso miles, de años.Getty_Kouros_Leading

El Getty se mostró satisfecho con la investigación y se quedó con la idea de que el kuros era realmente auténtico. Después de 14 meses de investigación el museo acordó comprar la estatua y en otoño de 1986 la puso en exposición como una rareza antigua especial. Pero, ¿lo era realmente?

Una vez presentada al público, muchos historiadores y aficionados expertos en arte acudieron emocionados al museo para ver el kuros, y aquí es donde la historia se pone interesante. A pesar de la investigación aparentemente minuciosa del Getty para determinar su autenticidad, para los expertos había algo en el kuros que simplemente no encajaba. Sin ninguna prueba tangible real que respaldase su valoración, la mayoría tenían la impresión de que la escultura era, de alguna manera, una falsificación. El primero que lo puso de manifiesto fue un restaurador de arte italiano, que se percató de ello al observar detenidamente las uñas de las manos de la escultura. De alguna manera que no supo precisar de inmediato, simplemente le parecían erróneas. Luego, un experto griego expresó sus reservas; y posteriormente el director del Museo de Arte Metropolitano de Nueva York, que describió el kuros como una pieza de “aspecto fresco,” un adjetivo no muy adecuado para un objeto fechado hace unos 2.000 años. Meses después visitaron el museo más historiadores de arte veteranos con experiencia para ver la estatua. El coro de voces escépticas se hizo mayor. El Getty, con todo su arsenal de geólogos, abogados y científicos, y habiéndose dedicado varios meses a realizar estudios, había llegado a la conclusión de que la estatua era auténtica. Sin embargo, los expertos en esculturas e historiadores de arte discrepaban, solo con observar la estatua momentáneamente y desde la distancia. Después de unos cuantos segundos mirándola fijamente, Angelos Delivorrias, director del Museo Benaki en Atenas, lo definió como un “rechazo intuitivo,” una sensación innata de que era una falsificación.

Para acortar la historia, actualmente una amplia mayoría considera que la estatua es falsa. Al final resultó que muchos de los documentos empleados para respaldar su autenticidad se habían falsificado. Por otro lado, cuando los expertos comenzaron a examinar la estatua con detalle, se percataron de que el objeto reflejaba una mezcolanza de estilos procedentes de muchas épocas distintas. Finalmente se demostró que se habían empleado medios artificiales para crear la dolomitización observada en la superficie de la estatua, desbaratando así la idea de que el mármol tenían varios siglos de antigüedad. Cabe destacar que el Getty nunca se ha pronunciado definitivamente respecto a si el kuros es auténtico o no (¡evidentemente porque había pagado 10 millones de dólares!). Hoy día el cartel de la estatua reza «Griega, datada hace aprox. 530 años AC, o falsificación moderna”.

El arte intangible de la diligencia debida operativa

Cuando hablamos de inversiones alternativas, o más concretamente, de estrategias de cobertura y de aquellos que las gestionan, no podemos sobrevalorar la importancia de un programa de diligencia debida operativa (DDO) de calidad. A juicio de la mayoría de profesionales de inversión, incluido yo mismo, la DDO es vital para cualquier proceso de inversión alternativa integral. Aunque se debe compensar a los inversores por asumir un riesgo de inversión, según la teoría moderna de carteras, no se les retribuye por incurrir en un riesgo operativo, por lo que resulta imperativo esforzarse al máximo para detectar y evitar a gestores de estrategias de cobertura que puedan introducir un riesgo operativo relevante en una cartera. Estoy totalmente de acuerdo (basándome en la intuición) de que una diligencia debida operativa robusta podría añadir un tremendo valor a un programa de inversión. Luego quedaría pendiente la cuestión de cómo se define el término “robusto”.

Naturalmente, existen prácticas estándar del sector y protocolos asociados a cualquier sistema de DDO de calidad. También se precisan fuertes dosis de tiempo, energías y recursos. Sin embargo, quizás el aspecto más importante para lograr un marco de DDO satisfactorio, una característica que no puede cuantificarse o medirse fácilmente debido a su alto grado de subjetividad y que se adquiere solo tras varios años de experiencia y sabiduría, es la intuición… o la cognición instantánea. Esto se define como el “arte intangible” de la diligencia debida, esa parte que consiste en esos segundos de “rebanado fino” en el que a veces se toman decisiones subconscientes. Aunque la intuición puede ser un componente abstracto de una DDO satisfactoria, consideramos que no es menos importante; si no, pregúnteselo al museo Getty.

Cognición instantánea

Gladwell explora este concepto en su obra antes reseñada, consistente en la adopción de decisiones intuitivas. Su hipótesis es que las experiencias pasadas a menudo nos permiten tomar decisiones fundadas con gran rapidez (en un “abrir y cerrar de ojos”), basándonos en interpretaciones subconscientes de pistas y sucesos previos, que él describe como una cognición instantánea.

Por ejemplo, cuando conoces a alguien por primera vez, entras a una casa con la intención de comprarla, te acercas a un nuevo restaurante o lees las primeras frases de un curriculum vitae, tu mente (sin tener consciencia de ello y en cuestión de segundos) ya ha saltado a una serie de conclusiones. Gladwell cree que estas decisiones instantáneas son realmente sólidas, importantes y, a menudo perfectamente válidas. Un dato llamativo es que Gladwell evita la palabra “intuición” en su obra, al sugerir que describe reacciones emocionales o instintos viscerales, ideas e impresiones que no parecen totalmente racionales. A su juicio, lo que ocurre en esos primeros instantes es perfectamente racional. Afirma que se trata de ideas que se mueven algo más rápido y funcionan de forma algo más misteriosa que la clase de decisiones deliberadas y conscientes que solemos asociar al “pensamiento”.

Desde mi punto de vista, las teorías que postula Gladwell sí parecen tener fundamento, al menos a primera vista. Como mínimo, parece razonable pensar que cuanto más experiencia y aplicación práctica se tenga en un determinado campo, ya sea en DDO o en investigación de antigüedades, mejores resultados se logrará en el trabajo, y en aplicar la supuesta cognición instantánea. Lógicamente, esto sería muy valioso a la hora de evaluar las cuestiones más turbias relacionadas con la DDO. ¿Cómo se sopesan los hechos frente al instinto visceral? ¿Cuál es el equilibrio idóneo entre el deseo de llegar a un pacto y la información negativa que lo rodea? ¿Existe presión para realizar una inversión? ¿El tiempo que se ha concedido al gestor es suficiente para responder eficazmente? ¿El gestor es paciente y sincero en sus respuestas? ¿Podemos confiar en el gestor?

La cuestión no reside solo en las horas que se dedican (aunque se requieren muchas a un alto coste), ni en la profundidad o el rigor con que se elabora el cuestionario de diligencia debida u otros documentos de verificación que se aplican al ejercicio. Con frecuencia, la verdadera prueba de un programa de diligencia debida eficaz reside en el arte, o la experiencia de los investigadores que desempeñan el trabajo.

DDO: Evitemos la miopía

A mi modo de ver, es indudable que un ejercicio de DDO sólido comienza y finalmente termina con la calidad y alcance de la experiencia profesional que aporta el personal encargado del proceso. Es también un ejercicio fluido y que exige un planteamiento “fuera de lo convencional” en muchos casos. El director general sénior Andrew Kandiew, que cuenta con más de 30 años de experiencia en contabilidad y administración de fondos, responsable del equipo de Diligencia Debida Operativa de K2, ha resaltado la necesidad de evitar el pensamiento miope a la hora de realizar análisis. Cito textualmente:

«Las economías y mercados mundiales son dinámicos y están sometidos a vaivenes constantes. Las personas cambian con el tiempo y responden de forma distinta a nuevas situaciones e incentivos. Las estrategias también cambian a lo largo del tiempo. Cada entidad y proceso tiene su propia serie de riesgos de inversión y operativos. Es decir, no hay un único cuestionario o arquitectura de diligencia debida que sea capaz de cubrir todos esos riesgos, y mucho menos generar una respuesta definitiva de “sí o no” a las oportunidades de inversión. Aquí es donde se demuestra el valor de un equipo de DDO experto».

En otras palabras, la lista de control u hoja de ruta que se establezca para un programa eficaz de diligencia debida operativa solo cabe esperar que sirva como punto de partida, o marco de trabajo aproximado, para una DDO eficaz. Debido al carácter fluido, orgánico y suficientemente complejo de nuestro negocio, cualquier proceso adecuado de DDO necesariamente atravesará un proceso de evolución similar, de forma que se reconozcan las nuevas circunstancias y se atiendan las nuevas exigencias.  Una guía estática no basta.

Lo importante son las personas

Un aspecto importante que cabe destacar sobre la estructura de costes de la DDO es el pedigrí y la experiencia del personal en servicio. Para muchas empresas, los empleados más jóvenes y menos expertos pueden encargarse de aspectos relacionados con el análisis, incluso de la totalidad del proceso, si cabe. Evidentemente, esto redundaría en unos costes indirectos más bajos en materia de recursos humanos, aunque puede ocurrir también que la calidad del análisis se vea mermada. Como dice el proverbio, obtienes lo que pagas. Esto alude directamente al concepto del valor intangible de la DDO cuando corre a cargo de un equipo suficientemente versado y experimentado.

En resumen, el rasgo “artístico” de la diligencia debida operativa lo convierte en una práctica humana, que no puede cuantificarse o catalogarse fácilmente. A menudo tenemos que juzgar a las personas y empresas a partir de información muy limitada, y deben someterse a cierta disciplina para examinar y reexaminar las hipótesis y conclusiones alcanzadas. La importancia y el valor de las cualidades abstractas o intangibles de un programa de DDO sólido (sabiduría, experiencia y criterio) no puede exagerarse. También importa el “arte” de la diligencia debida, esa parte en la que median esos segundos de “intuición”.

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