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Equidad

Tres razones por las que los inversores deberían ignorar las amenazas de los políticos contra la biotecnología

Los precios de los medicamentos han vuelto a ser noticia de portada después de que los políticos saltaran a la palestra con motivo de las últimas acusaciones de especulación de precios. Mientras los votantes estadounidenses se preparan para acudir a las urnas, Evan McCulloch, vicepresidente sénior del Grupo de Renta Variable Franklin, advierte a los inversores que no se dejen amedrentar por la retórica. Explica también por qué cree que el gobierno de EE.UU seguramente no se excederá interviniendo en los precios que determine el sistema de sanidad, al tiempo que ofrece una breve actualización sobre el sector de biotecnología, haciendo hincapié en los desafíos de las grandes compañías del sector y cómo los están afrontando.

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Los comentarios vertidos por los candidatos a presidente de Estados Unidos en relación con las tácticas de precios empleadas por las compañías farmacéuticas estadounidenses, junto con las propuestas para frenar lo que consideran una práctica abusiva, han influido notablemente en el sector de biotecnología, a juzgar por las parcas rentabilidades que viene generando en los últimos 12–18 meses. Además, han suscitado el temor de que el gobierno estadounidense pueda imponer pronto controles de precios a los fármacos con receta u otras restricciones en el sector, lo que eliminaría potencialmente el incentivo para continuar desarrollando tratamientos y productos innovadores.

A pesar del encono generado por los recientes casos sonados de subidas de precios polémicas de ciertos fármacos, existen tres razones que me llevan a creer que la crispación política reciente no producirá cambios significativos en la industria.

En primer lugar, vamos a ser claros respecto al verdadero propósito de estos comentarios: generar titulares y servir como retórica de campaña. Cuando un candidato aspira a ser presidente, su cometido es ganar las elecciones, y en la mayoría de ocasiones ese individuo se mete en temas candentes actuales para captar cobertura mediática y ganar apoyos. También es importante señalar que las propuestas que hemos visto hasta el momento, entre ellas restringir los gastos ordinarios mensuales en medicamentos con receta y permitir que los estadounidenses importen medicamentos del extranjero, carecen de fuerza legal. De hecho, es dudoso que algún candidato estableciera como asunto prioritario en su agenda política la fijación de precios de los fármacos durante su mandato.

En segundo lugar, actualmente no existe ningún mecanismo que permita a un político o entidad pública establecer directamente el precio de artículos farmacéuticos en Estados Unidos. Tenemos un sistema de libre mercado; para bien o para mal, los fabricantes pueden fijar un precio y subirlo cuando lo deseen. En este sentido, el gobierno de EE.UU regula muy pocas industrias, aparte de ciertos monopolios como las compañías de suministro reguladas. Habida cuenta de que Estados Unidos está considerado como un líder mundial en innovación farmacéutica, nos parece improbable que los políticos quieran incidir negativamente en el ánimo de lucro que lleva aparejada la innovación, y a la postre entorpecer gravemente el crecimiento del sector.

En tercer lugar, los intentos de alterar el panorama de los reembolsos mediante medidas administrativas, en vez de mediante nueva legislación, ya se ha demostrado que son impopulares. Ante el revuelo originado este año en torno a los precios de los medicamentos, una agencia estatal trató de cambiar el modo en que se reembolsa a los facultativos y centros de salud externos hospitalarios, en virtud del programa Medicare Parte B, por los fármacos recetados, así como eliminar el incentivo que favorece a los medicamentos de alto precio frente a los genéricos más baratos. La propuesta tropezó rápidamente con una fuerte oposición tanto de los pacientes como de los facultativos, además de algunos políticos de ambos lados del hemiciclo, lo que indujo a la agencia a reducir las pretensiones del programa. Así pues, impartir mítines para promover un cambio en esta cuestión suena bien en plena campaña electoral, pero a la hora de implantar una reforma susceptible de afectar a los pacientes del mundo real, la propuesta parece perder interés.

En definitiva, no creemos que los intentos de promulgar legislación o medidas administrativas vayan a tener efectos adversos considerables en las industrias de biotecnología o farmacéutica durante 2016 o 2017.  Aunque examinamos la posibilidad de que puedan salir adelante leyes de menor relieve por uno u otro medio, creemos que su impacto tenderá a ser mínimo.

Por su parte, el sector privado probablemente seguirá cumpliendo su función a la hora de gestionar los precios de los medicamentos. Por ejemplo, los planes de atención sanitaria gestionados, los gestores de prestaciones en productos farmacéuticos (PBM) y los empresarios del sector llevan años ejerciendo una presión constante en los precios de los fármacos y en su utilización, y no vislumbramos que esa presión vaya a cambiar de trayectoria.

Los PBM han adoptado un papel más activo en los últimos tiempos bien para instar a las farmacéuticas a competir por un puesto en las listas preferentes, o para dirigir a los pacientes hacia tratamientos genéricos o menos costosos antes que pagar medicamentos de precio más alto. La creciente concienciación pública sobre este tema también se ha traducido en una mayor voluntad de los pacientes para aceptar la sustitución de fármacos con receta genéricos o más baratos, aunque esos productos sean algo menos deseables o menos cómodos de administrar. En nuestra opinión, estas reformas basadas en el mercado son mucho más proclives a contener los precios que cualquier imperativo gubernamental.

Conscientes de estas presiones, empleamos un proceso de inversión que nos permita hallar empresas que produzcan fármacos con una eficacia, a nuestro juicio, excepcional, o medicamentos que satisfagan áreas de necesidad médica relevantes no atendidas y sin competencia en términos relativos. Lo que perseguimos con este enfoque es reducir el riesgo derivado de las presiones ejercidas en los reembolsos que estas entidades intentan implantar, así como la incertidumbre asociada a nuestras previsiones comerciales, aumentado así la posibilidad de mejorar nuestras estimaciones de valor razonable.

En general creemos que las compañías de biotecnología presentan unos fundamentales sumamente sólidos en estos momentos y, en nuestra opinión, el futuro del sector es tan halagüeño como siempre. En la actualidad el sector está experimentado una enorme oleada de innovación, y nos interesan particularmente los considerables avances que se están logrando en materia de terapia genética, inmunooncología y anticuerpos biespecíficos. Por lo que respecta a la Administración de Alimentos y Medicamentos estadounidense (FDA), el entorno parece estable y, si acaso, se está presionando a la FDA para que apruebe fármacos con mayor rapidez, y no al contrario, en vista de los rápidos avances logrados en ciertas modalidades de tratamientos y soluciones para afecciones antes incurables.

Dificultades de desarrollo inicial

Sin embargo, también vemos algunos escollos para ciertos segmentos del sector. El desarrollo de fármacos entraña dificultades y está repleto de riesgos, lo cual explica en parte por qué pueden resultar caros los nuevos medicamentos de éxito. Los grandes conglomerados de biotecnología y farmacéuticos siempre quieren (y precisan) impulsar sus canales de investigación y desarrollo, además de reforzar su crecimiento, objetivo que muchos han alcanzado a través de adquisiciones. Algunas grandes empresas también han sufrido una ralentización de su expansión tras el último nuevo ciclo de productos, una situación que muchas de ellas experimentaron en los años 2012–2014. En nuestra opinión, estas empresas se ven obligadas a revigorizar su futuro crecimiento mediante la incorporación de proyectos en desarrollo en estado avanzado y un aumento de los productos comercializados. El tamaño tiene ventajas pero también inconvenientes, y uno de ellos es indudablemente la presión a la que se enfrentan las grandes empresas para mantener una alta tasa de crecimiento.

También debemos advertir que cada día nacen nuevas empresas (a menudo financiadas con capital riesgo), ya sea partiendo de cero o como escisiones de grupos de investigación financiados por universidades. En los últimos tres años se han lanzado más de 100 operaciones OPV, y con cada nueva aprobación de fármacos existe otra empresa que avanza hacia la rentabilidad operativa. Como consecuencia de ello, hemos asistido a una notable progresión de empresas que han abandonado su condición de pequeña capitalización para dar el salto a la categoría de mediana capitalización y de esta última a la categoría de gran capitalización. Dado el incesante aumento de tamaño del sector, con ingresos y beneficios crecientes, creemos que podremos seguir hallando empresas atractivas donde invertir.

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¿Cuáles son los riesgos?

Todas las inversiones conllevan riesgos, incluida la posible pérdida de capital. El valor de las inversiones puede tanto subir como bajar y los inversores podrían no recuperar todo el capital invertido. La inversión consiste en una cartera no diversificada que está concentrada en un solo sector, lo que entraña diversos riesgos, entre ellos consideraciones de patentes, responsabilidad civil de productos, requisitos normativos del gobierno y aprobación normativa para la comercialización de nuevos fármacos y productos médicos. Las compañías de biotecnología suelen ser pequeñas y/o relativamente nuevas. Las pequeñas empresas pueden ser especialmente sensibles a los cambios en las condiciones económicas, y sus perspectivas de crecimiento son menos seguras que las asociadas a empresas más grandes y consolidadas. Además, pueden ser volátiles, sobre todo a corto plazo. La cartera también puede invertir en títulos extranjeros, que conllevan riesgos especiales, entre ellos el riesgo de fluctuaciones cambiarias y de incertidumbre política.