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Equidad

¿Cuáles son las causas del resentimiento de los votantes europeos y estadounidenses?

En diversas partes del mundo se está produciendo una oleada de apoyo a las causas y políticos populistas, desde el auge de Syriza en Grecia y la votación a favor del Brexit en el Reino Unido hasta la designación de Donald Trump como candidato presidencial del Partido Republicano en Estados Unidos. Sin embargo, este desencanto con el estatus quo no ha caído en saco roto. Cindy Sweeting, directora de gestión de carteras del Grupo de Renta Variable Global Templeton, afirma que muchos de estos votantes tienen razones legítimas para sentirse descontentos, como la pérdida de puestos de trabajo de la clase media a favor de trabajadores extranjeros. Mientras que Estados Unidos se dispone a acudir a las urnas en noviembre (y muchos países del mundo se preparan para un aluvión de elecciones generales en 2017), Sweeting analiza lo que, a su juicio, son las causas originarias del reciente resentimiento y las consecuencias que podría traer si finalmente se promulgan leyes destinadas a crear barreras al comercio o promover la circulación de trabajadores.

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El panorama político mundial se ha ido volviendo más incierto durante el último año o así, especialmente en el mundo occidental, y la votación del Reino Unido para abandonar la Unión Europea (UE), apodado “Brexit”, puso claramente de manifiesto el ardiente resentimiento que albergan muchos votantes tradicionales que se han visto afectados por diversos problemas desde que irrumpió la crisis financiera mundial hace ahora ocho años.

Estos problemas varían desde el lento crecimiento económico y el bajo crecimiento de los salarios hasta el paro y el despido laboral, pasando por la represión financiera que resiente a los pensionistas y ahorradores, así como la desconexión del conjunto de mercados financieros respecto a los apuros que atraviesa la clase trabajadora en la economía real. El acentuado resentimiento hacia los tecnócratas de la UE no electos en Bruselas, la inquietud por la crisis de los inmigrantes en Europa (y, de hecho, por la inmigración en general), así como la creciente preocupación por el terrorismo han provocado una polarización de los votantes y un descontento en ambos lados del Atlántico. A los mercados financieros les resulta difícil procesar la incertidumbre política, ya que no encaja con el análisis fundamental normal ni con modelos de riesgo estándar, de modo que suelen reaccionar asignando una prima de riesgo más alta cuando la inestabilidad política hace acto de presencia.

El cambio de rumbo que hemos visto en Europa y Estados Unidos hacia lo que definiríamos como nativismo y proteccionismo es uno de los denominadores comunes de las “manifestaciones” o los movimientos políticos “anti-sistema” que han irrumpido en ambas regiones. Aunque podríamos aducir que la globalización ha mejorado enormemente los niveles de vida en términos agregados, también han surgido perdedores por el camino, además de ganadores. Entre los pertenecientes al primer grupo se encuentran la clase media y trabajadora de mercados desarrollados, que han tenido que trasladarse al extranjero para acceder a un empleo o le ha sido arrebatado por mano de obra barata y con capacidad de desplazamiento. A la pérdida de seguridad económica se une la erosión percibida de soberanía e identidad cultural al haber cobrado impulso el sentir nacionalista y la globalización.

No son solo los votantes estadounidenses los que tendrán la oportunidad de expresar su frustración en las urnas en los próximos meses. Durante el próximo año también se celebrarán elecciones en otros países que representan un porcentaje considerable de la economía de la UE, entre ellos Francia, Alemania y los Países Bajos. Más recientemente, en actitud desafiante a Bruselas, Hungría votó por mayoría aplastante rechazar las cuotas de emigración de la UE en un referéndum celebrado en los primeros días del cuarto trimestre del año en curso. En cuanto a la convocatoria del gobierno italiano para celebrar un referéndum constitucional a principios de diciembre, ostensiblemente asociado a medidas de reforma parlamentaria, muchos lo consideran como un baremo del compromiso del país con Europa. Una victoria del “no” a la reforma parlamentaria en Italia no haría más que agravar el alto grado de incertidumbre política que aqueja a Europa.

Y, evidentemente, las negociaciones venideras sobre el Brexit serán un tema clave de atención para los mercados financieros de aquí en adelante. Asistimos a una marcada inquietud de los mercados por la posibilidad de un «hard Brexit», donde el Reino Unido renunciaría al pleno acceso al mercado único y al pleno acceso a la unión aduanera conjuntamente con su salida de la UE, unido a una elevada incertidumbre en torno a las negociaciones potencialmente polémicas que se avecinan, lo cual ha provocado el desplome de la libra esterlina. La Unión Europea tiene por delante una difícil tesitura con las negociaciones sobre la salida del Reino Unido, mientras trata de disuadir a otros países para no abandonar la UE, al mismo tiempo que protege sus intereses económicos.

En Estados Unidos, mientras se reduce la posibilidad de una victoria presidencial de Donald Trump, Hillary Clinton escala posiciones en los últimos sondeos, y la posibilidad de una victoria aplastante de los demócratas tanto en el Congreso como en el Senado, en nuestra opinión, podría afectar negativamente a diversos sectores industriales estadounidenses, entre ellos posiblemente el financiero, atención sanitaria y energía.

El foco se desplaza a la política fiscal

No obstante, el entorno político se ha vuelto más halagüeño en los últimos meses al surgir la creciente sensación de que los gobiernos irán prestando cada vez más atención a los estímulos fiscales, un tema que prevemos cobrará impulso en diversas economías principales, dado los escasos frutos de la política monetaria no convencional. Con la confianza de los empresarios aun en descenso tras el derrumbe de las rentabilidades mundiales de la renta fija durante los últimos siete trimestres o así, y la inversión empresarial estancada a niveles ínfimos, parece que tiene sentido recurrir a herramientas distintas a la política monetaria para hallar soluciones fiscales que contribuyan a reforzar la confianza y el crecimiento económicos.

Aunque creemos que la reforma estructural siempre es el mejor método a largo plazo para mejorar el potencial de crecimiento económico, la expansión fiscal ha sido uno de los temas de debate claves en las elecciones presidenciales de Estados Unidos, al prometer ambos candidatos algún tipo de programas de inversión, naturalmente con diferencias en cuanto al modo en que se financiarían esos programas. En Europa, la austeridad también parece estar perdiendo fuelle y quizás veamos algunas iniciativas encaminadas a aumentar el gasto en infraestructuras, especialmente si contribuye a aliviar el desempleo y a apaciguar al impaciente electorado.

Atando cabos, vemos que la actual dinámica política representa tanto una amenaza como una oportunidad para el crecimiento mundial. En el lado positivo, la creciente probabilidad de que se implanten algunos estímulos fiscales podría ayudar a estimular la inversión empresarial y reforzar el crecimiento económico nominal. Por otro lado, si las fuerzas del creciente proteccionismo terminan por intensificar las barreras al comercio mundial, la emigración y los intercambios comerciales, esto causaría claros perjuicios al crecimiento económico. Los datos sostienen todas estas observaciones. En el Reino Unido, la llegada de inmigrantes procedentes de la UE aportó 20.000 millones de libras a las arcas públicas en la primera década del presente siglo;[1] en Estados Unidos, la mitad de las exportaciones totales se destinan a países con los que tiene suscrito un tratado de libre comercio, aunque esas economías supongan menos del 10% del producto interior bruto mundial.[2] No obstante, en una democracia los votantes suelen reaccionar más a percepciones que a la realidad, sobre todo a la hora de tocar cuestiones como el patriotismo, el orgullo y la identidad. No siempre se trata de cuestiones de fondo.

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¿Cuáles son los riesgos?

 Todas las inversiones conllevan riesgo, incluida la posible pérdida de capital. El valor de las inversiones puede tanto subir como bajar y los inversores podrían no recuperar todo el capital invertido. La inversión en títulos extranjeros conlleva riesgos especiales, entre ellos el riesgo de fluctuaciones cambiarias, de inestabilidad económica y de acontecimientos políticos adversos. Las inversiones en mercados emergentes entrañan riesgos más altos relacionados con esos mismos factores. En la medida en que la cartera se concentre en países, regiones, industrias, sectores o tipos de inversión específicos en cada momento, puede estar expuesta a riesgos mayores por sucesos adversos acaecidos en esas áreas concretas en comparación con otra cartera que invierta en una variedad más amplia de países, regiones, industrias, sectores o inversiones.

[1] Fuente: Estudio del Centro de Investigación y Análisis de Emigración de University College of London, de fecha 4 de noviembre de 2014.

[2] Fuente: Oficina del Censo estadounidense, datos a 31 de diciembre de 2015.