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Helicóptero de dinero: tirar un ladrillo con una cinta de goma

Puede que en los últimos tiempos hayan oído hablar en la prensa del término «helicóptero de dinero». Robert Christian, director general sénior y responsable de análisis de K2 Advisors, explica qué significa esta expresión, por qué ha suscitado comentarios últimamente y si los bancos centrales podrían plantearse adoptarlo.

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El concepto de distribuir dinero directamente a la población para poner fin a una recesión profunda se ha planteado en teoría desde principios de la década de 1930. El influyente economista británico John Maynard Keynes sugirió enterrar literalmente dinero en minas de carbón abandonadas, que luego podría ser «excavado» por trabajadores en el paro. El economista estadounidense Milton Friedman utilizó la metáfora de arrojar dinero desde helicópteros para que los ciudadanos lo recogieran, de ahí el término coloquial «helicóptero de dinero». Incluso el anterior presidente de la Reserva Federal estadounidense (Fed), Ben Bernanke, habló de la idea en 2002 —ganándose así el apodo de «Helicopter Ben»—, proponiendo un procedimiento más práctico en forma de rebaja fiscal.

A principios del verano pasado, hubo rumores de que el Banco de Japón estaba considerando un programa de este tipo. Aunque al final tomó una medida de relajación más moderada y tradicional, el Banco de Japón afirmó que haría una «revisión completa» de su política en los próximos meses, lo que podría augurar unas tácticas más atrevidas. Sea cual sea la vía que emprenda el banco central japonés este otoño, si los problemas deflacionistas de la economía mundial continúan, preveo que se acentuará el debate acerca de estas inyecciones directas de dinero.

Puede que algunos analistas insinúen que, en la práctica, ya se están aplicando este tipo de programas, que los 4 billones de dólares de dinero impreso por la Fed, el Banco de Japón y el Banco Central Europeo a partir de 2008 pueden considerarse desde hace tiempo como programas de dinero caído del cielo. Afirman que unas nuevas medidas de relajación por parte de los bancos centrales en forma de un programa del tipo helicóptero de dinero serían más de lo mismo: cumplirían el objetivo de inflar los activos de riesgo y hacer que los inversores asumieran más riesgos, pero no lograrían generar una inflación o crecimiento significativos y sostenidos.

No obstante, en mi opinión, hay una diferencia crucial. Si bien estoy de acuerdo en que no se conseguiría mucho más en cuanto a la eficacia de estimular un crecimiento económico sostenido, una inyección directa de dinero sería bastante distinta de lo que han hecho hasta ahora los bancos centrales. En uno de los casos, se supone que el dinero es un préstamo, un pasivo que algún día deberá devolverse. En el otro, el dinero se define de manera explícita como «gratis», es decir, no hay ninguna deuda.

Es cierto que los bancos centrales ya han creado dinero de la nada (o de píxeles digitales de pantallas de ordenador) del mismo modo que se haría en un programa de helicóptero. Pero el dinero de los programas actuales de expansión cuantitativa (QE) se ha utilizado para comprar deuda pública con la suposición de que el gobierno algún día los amortizará. La Fed, por ejemplo, tiene 2,5 billones de dólares de bonos del Tesoro en su balance, y a medida que venzan el gobierno debe reembolsar el dinero. Sin embargo, a corto plazo —según su valoración de la solidez de la economía—, la Fed podría (y seguramente lo hará) reinvertir el dinero en nuevos bonos, y el ciclo podría continuar. Pero al fin y al cabo, la presunción es que, algún día, el banco central recuperará el dinero.

En cambio, el programa teórico de helicóptero de dinero comportaría un tipo de transacción distinta. El dinero que imprimiera el banco central se distribuiría con la idea explícita de que nunca debería reembolsarse; nunca se retiraría de la circulación.

El mecanismo efectivo podría variar mucho, y seguramente no se arrojaría literalmente dinero desde un helicóptero (aunque sería interesante para una retransmisión televisiva). En la práctica, un tal programa seguramente implicaría la emisión de algún tipo de deuda pública perpetua con un tipo de interés de cero y una duración indefinida. Sea cual fuere la estructura, el mensaje comunicado sería el mismo: que el banco central está esencialmente regalando dinero al público y que este dinero entregado al mercado es realmente gratis.

Algunos analistas del sector indican que esta dinámica ya se está produciendo con los programas actuales de QE, y afirman que estos experimentos que en principio tenían que ser temporales en la práctica podrían no ser nunca retirados.

Aunque estoy de acuerdo en que los bancos centrales de todo el mundo claramente no parecen tener prisa para poner fin a las compras de sus programas de QE, y que esto es lo que se está comunicando al mercado hoy en día, creo que hay una diferencia importante con la esencia del mensaje que se transmitiría si se aplicara un verdadero programa de helicóptero de dinero. Si los bancos centrales imprimieran literalmente dinero —es decir, abandonaran la convención y la pretensión de ingeniería financiera que supone la QE actual— y reconocieran verdadera y literalmente su intención de imprimir dinero, en mi opinión la situación cambiaría considerablemente. Se transmitiría un mensaje totalmente distinto al mundo, que creo que no sería constructivo. Como se suele decir, en tiempos desesperados se necesitan medidas desesperadas. El helicóptero de dinero da la impresión de una política monetaria desesperada.

 Tirar un ladrillo con una cinta de goma

 Salgamos del ámbito teórico y reflexionemos acerca de esto de manera realista. Por la mayor parte, los programas de helicóptero de dinero nunca se han contemplado seriamente como una herramienta legítima a utilizar en las economías avanzadas modernas. Pero en los casos de la historia en que se han aplicado (como la Alemania de Weimar en la década de 1920 y Zimbabue en la de 1990), las consecuencias fueron desastrosas. Hay numerosos motivos por los que estos programas fracasan. Me voy a centrar en lo que considero los problemas técnicos asociados con este procedimiento.

Los defensores de las políticas de helicóptero de dinero indican que sus consecuencias no deseadas a más largo plazo, como una explosión de la inflación, podrían manejarse con facilidad y moderarse simplemente aumentando los tipos de interés. No obstante, la historia y los hechos muestran que no es así. Pese a las mejores intenciones, el punto de inflexión entre la estabilidad de precios y una inflación descontrolada puede ser brusco, explosivo e incontrolable.

Según el Instituto Cato, la utilización de políticas de helicóptero de dinero en los últimos dos siglos ha creado 56 situaciones de hiperinflación.[1] ¿Por qué es así? Al considerar la inflación, hay que tener también en cuenta la velocidad del dinero. Lógicamente, no puede haber inflación si no se gasta dinero. Si se expande la oferta de dinero, pero en vez de gastarlo la gente se lo guarda en casa (o los gobiernos, bancos y empresas lo acumulan), entonces tendría un impacto limitado o nulo sobre la inflación. Por lo tanto, para valorar la inflación también necesitamos la velocidad del dinero, una medida de con qué rapidez el dinero cambia de manos. El problema es que la velocidad del dinero es un fenómeno conocido por no ser lineal. Por consiguiente, es extremamente difícil de controlar.

Para entender mejor esta dinámica, puede servir el siguiente ejemplo: imaginen tratar de tirar de un ladrillo de manera controlada encima de una mesa con una cinta elástica. Sería bastante difícil. A medida que se empezara a tirar, la cinta se estiraría y el ladrillo no se movería, ya que su peso y la tensión lo mantendrían firme sobre la mesa.

No obstante, finalmente se alcanzaría un punto de tensión crítico de modo que el ladrillo empezaría a moverse hacia delante, y seguramente con una velocidad acelerada. Una vez el ladrillo se moviera, la fricción también disminuiría y esto reforzaría a su vez su aceleración. Al mismo tiempo, la tensión de estirar permanecería constante porque no habría tiempo de reaccionar (hay un desfase en el ciclo de reacción). Esta combinación de autorrefuerzo con un ciclo de reacción con desfase son exactamente las condiciones de un sistema no lineal. O bien no pasa casi nada, o bien el ladrillo te golpea en la cara.

Creo que si se implementara un programa de helicóptero de dinero, la misma dinámica se aplicaría a la inflación. Primero tal vez no percibiríamos nada, pero cuando los bancos centrales se dieran cuenta de que ha estallado la inflación, podría ser demasiado tarde. Con una masa crítica, igual que con una reacción nuclear, el autorrefuerzo de las expectativas de inflación podría ser explosivo.

BCA Research presentó brevemente sus argumentos contra este tipo de políticas en un informe de mayo de 2016, en el que afirmaba:  «En nuestra opinión, los bancos centrales no se están quedando sin municiones como tal, pero podrían estar quedándose sin municiones fiables. Algunas balas siguen una trayectoria correcta y recta y alcanzan su objetivo previsto; otras se desvían, alcanzando objetivos no deseados; y con las peores balas sale el tiro por la culata, disparando al tirador. El helicóptero de dinero es una de estas balas…»[2]

Puede que el helicóptero de dinero sea una idea teórica interesante y un ejercicio mental divertido para suposiciones hipotéticas de los economistas, pero en mi humilde opinión, debe quedarse en ese terreno: el teórico.

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[1] Fuente: Instituto Cato: Informe «World HyperInflations» [Hiperinflaciones del mundo], 15 de agosto de 2012.

[2] Fuente: BCA Research, Estrategia de Inversión Europea – Informe mensual, 5 de mayo de 2016.