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La política de la atención sanitaria

Dejando a un lado la política, Evan McCulloch afirma que hay muchas innovaciones en el ámbito biotecnológico, farmacéutico y de la atención sanitaria que deberían ilusionarnos.

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Las prioridades y programas políticos cambiantes pueden repercutir en determinados sectores del mercado, para bien o para mal. Los costes de la atención sanitaria y los precios de los fármacos con receta fueron asuntos candentes en  Estados Unidos durante las elecciones presidenciales de 2016 y la Administración Trump ha promovido su propio programa de atención sanitaria. En lo que va de año, los sectores de atención sanitaria y biotecnología han ahuyentado la incertidumbre, ¿pero son los inversores demasiado optimistas? Evan McCulloch, de Franklin Equity Group, afirma que los fármacos en realidad se comportan de forma más predecible que los políticos, pero cree que hay razones para confirmar la perspectiva positiva del mercado.

Evan McCulloch
Vicepresidente sénior, Director de análisis
Franklin Equity Group
Gestor de cartera, Franklin Biotechnology Discovery Fund
           

Soy analista de medicamentos, pero cada pocos años me veo obligado a ser analista político también, lo cual puede suponer un desafío. En la mayor parte de los casos, los medicamentos son más predecibles que los políticos.

Para resumir lo que ha ocurrido en Estados Unidos este año, en marzo, el proyecto de ley de Cámara de Representantes para revocar la Ley de Acceso Asequible a la Salud (también conocida como «Obamacare») quedó paralizada. No hubo bastantes votos para aprobar el proyecto y el presidente Trump dio un ultimátum a la Cámara: o lograban avanzar o pasaría a otras prioridades. A pesar de que no se aprobó el proyecto en aquel momento, tampoco pasaron a otras cosas.

Durante el receso de Semana Santa, continuaron las negociaciones entre las distintas facciones conservadoras de la Cámara y, finalmente, se alcanzó un acuerdo de compromiso que consiguió reunir votos suficientes para elevar el proyecto de ley al Senado. Sin embargo, elaborar un proyecto que pueda aprobarse en el Senado será más difícil y podría experimentar, en nuestra opinión, importantes retrasos. Actualmente, el Senado es más moderado que la Cámara de Representantes y probablemente apruebe su propia versión del proyecto. Si esto sucede, ambas versiones deberán conciliarse antes de volver a ambas cámaras para ser sometidas a una votación final. Además, el plan actual consiste en lograr un acuerdo sobre el proyecto solo en cuestiones presupuestarias, de forma que pueda aprobarse en el Senado con mayoría simple y evitar así acciones obstruccionistas, que limitan el alcance de lo que puede abordar.

Somos inversores a largo plazo, pero nos resulta difícil contemplar una revocación o una sustitución del sistema Obamacare hasta finales de año.

Los Republicanos llevan siete años atacando el Obamacare. Durante la campaña, prometieron revocarlo y ahora algunos comentaristas creen que el presidente Trump se está planteando destinar el hipotético ahorro derivado de revocar o sustituir el proyecto de ley sobre la atención sanitaria a la financiación de una reforma fiscal, que podría considerarse una medida más popular. Así, la demora en la aprobación de la reforma de la atención sanitaria está repercutiendo también en otras prioridades legislativas.

A pesar de esta incertidumbre, los sectores de atención sanitaria y biotecnología han avanzado mucho desde las elecciones presidenciales de Estados Unidos el pasado noviembre. Hillary Clinton, la candidata demócrata, convirtió el elevado coste de muchos fármacos con prescripción en uno de los principales asuntos de su campaña. Se temía que si salía elegida presidenta propusiera ciertas leyes que pudieran limitar los precios y afectar negativamente al sector farmacéutico.

Los Republicanos se habían opuesto a los cambios en el precio de los fármacos, de forma que cuando Trump ganó (y, lo que es más importante, cuando los Republicanos conservaron el control tanto de la Cámara como del Senado), la probabilidad de una legislación onerosa en materia de fijación de los precios de los medicamentos se redujo de forma significativa. Los intentos de revocar y sustituir el Obamacare podrían seguir afectando a las empresas de este ámbito si se reduce el alcance de Medicaid y la gente pierde la cobertura de seguro, pero el actual plan republicano no prevé cambios en los precios de los medicamentos. La ausencia de legislación significativa desde las elecciones ha impulsado en parte la rentabilidad positiva del sector.

Como resultado, la industria ha reorientado sus iniciativas de investigación y desarrollo hacia la identificación de fármacos que ofrezcan beneficios clínicos importantes, en lo que se refiere a nuevos tratamientos o tratamientos significativamente mejores, y los ganadores a largo plazo son los pacientes.

De cara al futuro: impuestos y regulación

Creemos que la posibilidad de una reforma fiscal probablemente sea el siguiente gran asunto legislativo que repercuta en el sector biotecnológico, pero quizás no de la forma que mucha gente piensa. Las empresas de biotecnología más rentables ya tienen una tasa del impuesto sobre sociedades que se sitúa entre el 20% y el 25%, de forma que el plan de reducción de la tasa del impuesto sobre sociedades propuesto no representa un gran cambio.

Sin embargo, con la estructura fiscal actual y el recurso de las empresas a filiales offshore, es frecuente que el efectivo se quede atrapado en el extranjero. Trump ha propuesto una rebaja de los impuestos para incentivar a las empresas estadounidenses a repatriar su efectivo (esto es, a traerlo de vuelta a casa) y utilizarlo para invertir en sus negocios. Muchas empresas estadounidenses que sean capaces de repatriar ese efectivo podrían usarlo para ofrecer valor a los accionistas, posiblemente mediante recompras de acciones o dividendos, o lo que esperamos que suceda: más fusiones y adquisiciones. Las fusiones y adquisiciones pueden liberar valor de diversas formas. Permiten a las empresas más grandes reforzar sus existencias con nuevos productos y, a las pequeñas, acceder a conocimientos técnicos y personal de compañías más consolidadas para aumentar sus actividades de distribución.

En el ámbito normativo, no prevemos cambios importantes en la nueva Administración estadounidense. Creemos que el nuevo comisario de la Administración de Medicamentos y Alimentos (FDA, por sus siglas en inglés), Scott Gottlieb, será favorable no solo para la FDA, sino también para los sectores farmacéutico y biotecnológico. La FDA sigue trabajando estrechamente con el sector y parece más comprometida que nunca a ofrecer importantes fármacos nuevos a los pacientes con rapidez.

Hay otras tendencias en el panorama general que, en nuestra opinión, siguen apoyando la atención sanitaria y la biotecnología. Una de ellas está relacionada con la demografía. La población mundial está envejeciendo (en particular en los mercados desarrollados) y las personas de más edad consumen una cantidad significativamente superior de productos y servicios sanitarios que las generaciones más jóvenes.

Nuevos progresos y descubrimientos

Al nivel de las empresas individuales, seguimos viendo importantes progresos en materia de investigación. Ha habido descubrimientos trascendentales en genoterapia, así como en el ámbito del tratamiento contra el cáncer. Las principales oleadas de innovación son un reflejo de los saltos exponenciales en investigación básica y en nuestra comprensión de la biología humana, que ahora están dando sus frutos.

También observamos oportunidades en empresas que han lanzado fármacos recientemente. Los inversores se siguen mostrando escépticos con los nuevos fármacos en general, pero vemos que hay una serie de fármacos (especialmente en oncología) cuyas estimaciones de ingresos son demasiado bajas, lo cual da lugar a valoraciones atractivas. Además, las empresas con productos que han pasado procedimientos de reducción de riesgos y que están aprobados por la FDA representan el punto óptimo del sector, y esperamos que se produzca una mayor consolidación entre estos tipos de empresas más adelante este año.

Las acciones biotecnológicas de gran capitalización se han comportado bien en general, y los recientes informes de ganancias son coherentes con las estimaciones. Seguimos pensando que el contexto global es muy favorable para el sector biotecnológico, y las empresas de gran capitalización están potencialmente infravaloradas. Si bien reflejan la madurez de sus negocios, creemos que en la actualidad las valoraciones subestiman en general la posibilidad de una reaceleración del crecimiento.

Desde un punto de vista terapéutico, mantenemos una perspectiva favorable para las empresas relacionadas con la oncología, la neurología y las enfermedades raras (huérfanas). Todos estos ámbitos tienen una necesidad médica importante no cubierta, han experimentado importantes innovaciones y tienen un entorno de reembolso protegido. Son tratamientos para enfermedades letales o debilitantes graves, cuyo uso es muy difícil de denegar. Este tipo de tratamiento es muy resistente a las presiones relativas a los precios, independientemente del entorno político.
La medicina personalizada o de precisión es otra área en la que estamos ilusionados. Requiere la adaptación de un medicamente a un paciente basándose en un marcador genético u otra información clínica que pueda determinar la respuesta de la persona al tratamiento. Solía costar millones de dólares secuenciar un genoma individual, y el costo actual se ha reducido a los miles, al igual que otras pruebas diagnósticas. Ya estamos viendo la aplicación de estos progresos. El fármaco Herceptin es un buen ejemplo. Herceptin es un tratamiento para el cáncer de mama dirigido específicamente a los tumores de tipo HER2 positivos; una prueba de laboratorio puede determinar si el cáncer de un paciente es HER positivo, en cuyo caso él o ella es candidato para recibir Herceptin como parte su terapia. En un paciente HER negativo, el fármaco no hace efecto.

Cada vez más, las empresas buscan subconjuntos de pacientes epspecíficos para los que un fármaco concreto puede ser más efectivo y están adaptando sus ensayos clínicos para aprovecharse de esto. Esto es positivo para el desarrollo de fármacos, pues es más probable que generen datos positivos en los ensayos con poblaciones de pacientes más específicas. También beneficia a los pacientes que, en el futuro, obtendrán tratamientos que serán más eficaces para su genética específica o para las variaciones de una enfermedad. Las empresas pueden cobrar más por fármacos personalizados, dada su eficiencia, de forma que se promueve el desarrollo de nuevos fármacos. Hemos visto datos de diversas enfermedades en las que creemos que podrían aplicarse curas funcionales. Consideramos que esta es la punta del iceberg en este ámbito.

Si bien estos desarrollos innovadores son alentadores, nos mantenemos disciplinados en nuestro enfoque de inversión. Normalmente, evitamos a empresas que están en las primeras fases y carecen de estudios clínicos demostrativos preliminares o están eligiendo las enfermedades cuya biología no se conoce en profundidad. También estamos encontrando menos oportunidades en ámbitos terapéuticos como las enfermedades cardiovasculares e infecciosas, pues esos ámbitos se tratan de forma eficaz en la actualidad.

Como parte de nuestro proceso de inversión, analizamos muchos factores en un abanico amplio de compañías. Equilibramos constantemente la oportunidad potencial que observamos con la valoración, y con el riesgo.

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¿Cuáles son los riesgos?

Todas las inversiones conllevan riesgos, incluida la posible pérdida de capital. El valor de las inversiones puede tanto subir como bajar y los inversores podrían no recuperar todo el capital invertido. Las compañías de biotecnología suelen ser pequeñas y/o relativamente nuevas. Las pequeñas empresas pueden ser especialmente sensibles a los cambios en las condiciones económicas, y sus perspectivas de crecimiento son menos seguras que las asociadas a empresas más grandes y consolidadas. Además, pueden ser volátiles, sobre todo a corto plazo. La inversión en empresas extranjeras conlleva riesgos especiales, entre ellos el riesgo de fluctuaciones cambiarias y de incertidumbre política.