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Multiactivos

Separación entre las políticas y la política

Aunque la propagación del coronavirus ha impulsado de manera significativa la volatilidad de los mercados mundiales en las últimas semanas, en opinión del equipo de Franklin Templeton Multi-Asset Solutions, las posturas políticas de cara a las elecciones presidenciales estadounidenses de 2020 también han contribuido a la volatilidad del mercado de renta variable de EE. UU. Aquí, Gene Podkaminer y Wylie Tollette explican por qué esa retórica probablemente sea ruido y no conlleve necesariamente unas políticas radicalmente divergentes en EE. UU con efectos para la actividad económica o los mercados.

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En la última semana del mes de febrero, el S&P 500 Index cayó un 11,5 %, la peor semana para las acciones estadounidenses desde la crisis financiera mundial de 20081 . Además, el CBOE Volatility Index (VIX), conocido como el «indicador del miedo», ascendió a niveles que no se registraban desde la crisis financiera mundial y, a partir de ahí, las acciones estadounidenses se caracterizaron por su volatilidad2 .

Los miedos cada vez mayores a los posibles efectos del coronavirus (COVID-19) y su repercusión en última instancia en la economía mundial probablemente sean la causa principal de la reciente volatilidad registrada en el mercado de renta variable de EE. UU. Sin embargo, el hecho de que se está restringiendo el campo del Partido Demócrata de cara a las elecciones presidenciales estadounidenses de 2020 ha impulsado de manera considerable la volatilidad en determinados sectores, por ejemplo, la atención sanitaria, el sector financiero, la tecnología y la energía, ya que la popularidad de los diferentes candidatos presidenciales ha sufrido altibajos.

Las noticias relacionadas con las primarias presidenciales de EE. UU. han causado mucho revuelo, en particular en lo que respecta a cómo los distintos candidatos demócratas a la presidencia podrían modificar las políticas vigentes si lograran acceder al cargo y vencer al presidente Donald Trump. Durante los primeros meses de 2020, se consideraba en general a Bernie Sanders como el favorito para asegurar la candidatura del Partido Demócrata a la presidencia. No obstante, tras las elecciones del supermartes, celebradas el 3 de marzo, Joe Biden se convirtió en el favorito sobre la base del impulso y los recuentos de los delegados.

Pese a la incertidumbre asociada al candidato demócrata concreto que se enfrentará al presidente Trump en noviembre, consideramos que es importante separar la formulación de políticas de la política. La experiencia nos dice que la política está muy relacionada con las declaraciones de la gente, mientras que la formulación de políticas es lo que verdaderamente importa desde la perspectiva de los inversores. Bajo nuestro punto de vista, la probabilidad de que las políticas cambien realmente en beneficio o perjuicio de la actividad económica y los mercados de capital difiere en gran medida de lo que aseguran los políticos en la campaña electoral.

Incluso aunque sea un candidato demócrata quien se instale en la Casa Blanca en enero del año que viene, es posible que nos encontremos ante un gobierno dividido entre las cámaras del Congreso, ya que probablemente el Senado siga bajo el control del Partido Republicano. De ser así, al nuevo presidente demócrata le resultará difícil aplicar cambios significativos en las políticas fiscales.

Otro elemento clave de la infraestructura que, en última instancia, sustenta los mercados son los bancos centrales y, en particular, las medidas de la Reserva Federal estadounidense (Fed). En parte, este último período de volatilidad en el mercado de renta variable ha sido destacable simplemente porque, en parte, ha vuelto un patrón de volatilidad histórico más tradicional a los mercados de valores.

En los últimos años, la volatilidad se ha situado por debajo del nivel normal, ya que la Fed y otros bancos centrales han prestado más atención a la estabilidad de los mercados de capital, además de su enfoque tradicional orientado a la economía real. Este cambio de enfoque es lógico, dado que la rápida evolución de la riqueza de los inversores puede modificar la demanda, el comportamiento de los consumidores y, finalmente, el producto interior bruto (PIB).

Sin embargo, un aspecto que vigilamos atentamente es el grado de independencia política de la Fed, así como de otros bancos centrales. Los inversores confían en la independencia de los bancos centrales a la hora de garantizar la estabilidad de las divisas y los precios. Si empezamos a ver un cambio significativo en la independencia de los bancos centrales, aumenta nuestra preocupación por el hecho de que la política tenga una repercusión más dramática y duradera en los mercados de capital.

En lo que respecta a los tipos de interés, no cabe duda de que el brote mundial de coronavirus ha propiciado un mayor reconocimiento de las limitaciones de la política monetaria como la única herramienta para gestionar las perturbaciones económicas. Es necesario añadir la política fiscal al conjunto de herramientas. La política fiscal exige voluntad política y consenso para su ejecución, algo de lo que no se dispone fácilmente en Estados Unidos ni en la mayoría de los demás países desarrollados en la actualidad. De nuevo, es primordial distinguir entre la política (lo que dicen las personas) y las políticas cuya aplicación es realmente viable.

Por consiguiente, ¿en qué lugar deja esto a los inversores? Nuestra hipótesis de base es que hay en torno a un 60 % de probabilidades de que el PIB mundial se sitúe en un 2,5 % este año, aproximadamente un 0,5 % por debajo de las estimaciones formuladas a principios de 2020 respecto al PIB3 . Según esta hipótesis, el virus tendrá unos efectos limitados y temporales en el mercado laboral, en parte debido al descenso de los viajes de negocios, el turismo y, por supuesto, los problemas ligados a las cadenas de suministro, como los cierres de fábricas. En nuestra opinión, habrá cierto grado de sustitución y algo de estabilización a lo largo de los próximos meses, lo que sienta las bases para esta predicción.

Situamos las probabilidades respecto a nuestra hipótesis de base más pesimista en un 25 %, donde las repercusiones de la política y el coronavirus serían peores y más prolongadas de lo previsto, y las probabilidades respecto a una hipótesis de base más optimista en un 15 %, con una recuperación más rápida de lo esperado en las economías y los mercados.

Desde la perspectiva de la asignación regional, seguimos prefiriendo los países que presentan una mayor flexibilidad en lo que a política monetaria y fiscal se refiere para responder al tipo de perturbaciones del crecimiento a las que estamos asistiendo. Algunos ejemplos son Estados Unidos y Reino Unido. Pensamos que la zona euro, que cuenta con una política monetaria más restringida y con sus propios desafíos fiscales, tendrá un camino más difícil por delante.

Terminaremos, como de costumbre, con el mensaje de que es mucho más sencillo prepararse para las perturbaciones (independientemente de si están relacionadas con el coronavirus, la candidatura de Bernie Sanders u otras sorpresas) que reparar los daños derivados de estas. La perspectiva a más largo plazo de los objetivos de inversión y la gran diversificación son fundamentales, en particular en las clases de activos que se hayan visto desfavorecidas en esta última expansión.

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¿Cuáles son los riesgos?

Todas las inversiones conllevan riesgos, incluida la posible pérdida de capital. El valor de las inversiones puede tanto subir como bajar y los inversores podrían no recuperar todo el capital invertido. Los precios de las acciones experimentan fluctuaciones, a veces rápidas y drásticas, debido a factores que afectan a empresas concretas, industrias o sectores específicos, o condiciones generales de mercado. Los precios de los bonos generalmente varían en sentido opuesto a los tipos de interés. Por lo tanto, la cartera puede verse depreciada durante el proceso en que los bonos mantenidos en ella ajustan sus precios al aumento de los tipos de interés. La inversión en el extranjero entraña riesgos especiales, entre ellos el riesgo de fluctuaciones cambiarias, de inestabilidad económica y de acontecimientos políticos adversos. Las inversiones en mercados emergentes, de los cuales los mercados fronterizos constituyen un subgrupo, implican riesgos más altos relacionados con los mismos factores, aparte de los asociados a su tamaño relativamente más pequeño, su menor liquidez y la falta de estructuras jurídicas, políticas, empresariales y sociales consolidadas para respaldar los mercados de valores. Debido a que estas estructuras suelen estar aún menos desarrolladas en mercados fronterizos, así como a otros factores, entre ellos el mayor potencial de sufrir una volatilidad de precios extrema, la falta de liquidez, barreras al comercio y controles de cambio, los riesgos asociados a mercados emergentes se ven acentuados en mercados fronterizos.

1. Fuente: S&P Dow Jones Indices, 5 de marzo de 2020. Acciones representadas por el S&P 500 Index. Los índices no están gestionados y no puede invertirse directamente en ellos. No incluyen comisiones, gastos ni costes de suscripción. La rentabilidad pasada no es un indicador ni garantía de la rentabilidad futura. Visite www.franklintempletondatasources.com si desea obtener más información sobre las condiciones de los proveedores de datos.

2. El CBOE Market Volatility Index mide las expectativas del mercado sobre la volatilidad a corto plazo que transmiten los precios de las opciones del índice S&P 500. Los índices no están gestionados y no puede invertirse directamente en ellos. No incluyen comisiones, gastos ni costes de suscripción. La rentabilidad pasada no es un indicador ni garantía de la rentabilidad futura.

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