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Renta variable estadounidense: Adopción de una perspectiva a largo plazo en medio de la incertidumbre actual

Aunque la economía estadounidense sigue padeciendo la ira del coronavirus, al final se producirá una recuperación. Grant Bowers, de Franklin Equity Group, ofrece sus datos más actualizados sobre el mercado de renta variable de EE. UU. y sobre los aspectos en los que se concentran él y su equipo desde una perspectiva de inversión a largo plazo.

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Mientras prosiguen los esfuerzos por detener la propagación de la COVID-19, el nivel de incertidumbre sigue siendo elevado en los mercados financieros mundiales. Las caídas derivadas de la pandemia, intensificadas por las turbulencias en los mercados globales del petróleo, presentan una velocidad y una gravedad sin precedentes. La volatilidad y las correlaciones entre las clases de activos nos recuerdan a la crisis financiera mundial, ya que los inversores tratan de reducir la exposición al riesgo a medida que surgen datos nuevos día a día. La paralización deliberada de la economía mundial está causando una gran perturbación a corto plazo y plantea interrogantes con respecto a cuándo y con qué velocidad llegará finalmente la recuperación.

Nuestra visión de la repercusión económica en Estados Unidos refleja un descenso considerable tanto del empleo como del crecimiento del producto interior bruto (PIB) a lo largo de las semanas y los meses siguientes. Es probable que estos parámetros de medición sigan siendo débiles en el tercer trimestre, pero podrían empezar a mejorar en cierta medida al adentrarnos en el último trimestre de 2020. Pese a que no cabe duda de que Estados Unidos caerá presumiblemente en una recesión (definida como dos trimestres de crecimiento negativo del PIB), consideramos que esta grave y pronunciada crisis es de carácter temporal.

Confiamos en que la insólita respuesta coordinada a nivel mundial por parte de científicos, tecnólogos e ingenieros, que trabajan de manera simultánea para encontrar una vacuna y un tratamiento terapéutico, nos permita superar esta crisis. La economía estadounidense cuenta con una profundidad y una fortaleza enormes; a pesar de que la crisis pondrá a prueba muchas zonas del país, en nuestra opinión, no dará lugar a un depresión global ni a una contracción plurianual.

De cara al futuro, vigilamos muy de cerca varios factores al pensar en el camino hacia la recuperación.

  • En primer lugar, si nos fijamos en los países asiáticos (los primeros en verse afectados por el virus), los nuevos casos se han ralentizado en China y Corea del Sur, la gente está volviendo a trabajar y los consumidores están empezando a reanudar sus patrones de gasto tradicionales. Los equipos de análisis de Franklin Templeton en Asia aportan sus perspectivas y conocimientos sobre el terreno a medida que la situación evoluciona en la región. A nuestro juicio, se trata de un indicador principal favorable que apunta a que las estrategias de supresión adoptadas en Estados Unidos y Europa pueden resultar eficaces a la hora de «aplanar la curva».
  • En segundo lugar, la Reserva Federal actuó de inmediato para inyectar una importante cantidad de liquidez en el mercado. A continuación, se presentó un paquete de estímulos de 2 billones de dólares estadounidenses, diseñado para respaldar la economía en innumerables segmentos, tanto en el plano empresarial como personal. Estas medidas son coherentes con las políticas y los programas generales que están poniendo en práctica los gobiernos de todo el mundo para estabilizar la economía global. Aunque hará falta tiempo para ver la repercusión de estas medidas, creemos que pueden resultar muy eficaces.
  • Por último, el núcleo de estas dificultades económicas es una crisis sanitaria mundial. La velocidad y el alcance de nuestra recuperación se encontrarán extremadamente vinculados a los avances científicos en lo que a curas, vacunas o tratamientos se refiere. Estos descubrimientos repercutirán enormemente no solo en la gravedad de la recesión, sino también en cómo se verán afectadas nuestras vidas en los próximos años.

La preocupación ligada a los consumidores

Nuestra mayor preocupación, y una de las que estamos vigilando atentamente, es cómo afectarán las perturbaciones producidas por la COVID-19 al comportamiento de los consumidores estadounidenses. Los consumidores estadounidenses han sido el motor de la expansión económica de la última década, gracias a la baja inflación, el sólido empleo y el aumento de los salarios. En este momento, se han puesto en marcha medidas de contención (p. ej., el cierre de empresas, las restricciones de los viajes y las órdenes de confinamiento) en muchas áreas de Estados Unidos para ralentizar la propagación del virus.

Las consecuencias de los cierres para el empleo y el consumo serán graves; el mes que viene, las solicitudes de prestaciones de desempleo podrían llegar a máximos históricos. Esferas como los viajes, la hostelería y los minoristas tradicionales fueron los primeros, por supuesto, en sufrir las consecuencias de los cierres, pero los efectos generales posiblemente sean más generalizados. Una vez que todas estas alteraciones se controlen, evaluaremos de forma activa el ritmo al que se reanuda la vuelta a la vida cotidiana normal.

Es probable que muchas de estas preocupaciones y dificultades ya se hayan descontado de las valoraciones actuales de la renta variable, aunque, dada la incertidumbre acerca del momento en que se recuperarán las ganancias, todavía es demasiado pronto, en nuestra opinión, para decir que el mercado es, en líneas generales, barato o que los precios de la renta variable han tocado fondo. Los mercados de renta variable de EE. UU. registraron movimientos rápidos y drásticos en las últimas semanas; si bien las correlaciones entre sectores han aumentado, al analizar los detalles queda patente que el mercado está haciendo distinciones en función de los fundamentos, ya sea el apalancamiento elevado, la sensibilidad a los tipos de interés, la exposición a los precios del petróleo o la alteración significativa de los ingresos, por nombrar algunos.

Al mismo tiempo, la repercusión de la respuesta de «quedarse en casa» ante la pandemia puede estar acelerando la adopción de los temas generales relativos a la transformación digital que hemos identificado. Ha influido en la forma en que socializamos, trabajamos y adquirimos bienes y servicios, y prevemos que estos cambios de comportamiento tendrán un efecto duradero en muchos consumidores.

Durante este período de volatilidad, hemos observado oportunidades de iniciar o añadir posiciones en lo que consideramos que son empresas de gran calidad y crecimiento a largo plazo, bien posicionadas para el futuro. Como siempre, buscamos aquellas que consideramos las mejores empresas, orientadas hacia tendencias de crecimiento plurianuales y temas de innovación transformadores. La tecnología y la atención sanitaria han sido dos áreas en las que, en nuestra opinión, seguiremos viendo el crecimiento tradicional actual; en la esfera del consumo, creemos que existen oportunidades en las empresas que gozan de prestigio y cuentan con un posicionamiento competitivo. A nuestro juicio, este tipo de inversiones puede soportar la volatilidad actual y generar un buen rendimiento de la inversión ajustado al riesgo a largo plazo.

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